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"Solo me quedaba la muerte": El saltador campeón mundial que regresó de la adicción a la metanfetamina

Luvo Manyonga fue el mejor del mundo en lo suyo en 2017 y obtuvo una medalla plateada en Río 2016, pero poco después pasó cuatro años sin competir por ser adicto a las drogas.

Luvo Manyonga
Luvo Manyonga, campeón mundial y medallista olímpico en salto en largo, busca volver a la competencia tras dejar atrás problemas de salud.
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Luvo Manyonga estuvo en la la cima y lo tenía todo, pero su ascenso no fue nada comparado con la supersónica caída hacia un abismo del que pocos logran salir. Después de haber sido campeón mundial de salto en largo y medallista de plata en los Juegos Olímpicos de Río 2016, el sudafricano no pudo sobrellevar más su adicción a las drogas -en especial a la metanfetamina- y un dopaje positivo en 2020 lo alejó cuatro años del deporte. "Solo me quedaba la muerte", le contó recientemente al diario inglés The Guardian mientras lucha por volver a ser.

Pese a su éxito deportivo coronado con el título mundial en Londres 2017 y la medalla plateada en Río -en 2017 llegó a registrar una marca de 8,65, la mejor a nivel mundial en la última década-, su adicción a las drogas venía desde antes. Incluso, cuando en 2010 levantó el título mundial juvenil, ya lidiaba con esta enfermedad.

"El deporte te da un subidón natural, así que cuando no estaba en el deporte, buscaba algo que me diera eso", contó en la reciente entrevista cuando le preguntaron por qué llegó a las drogas. Apenas dos años más tarde, en 2012, previo a sus principales logros, fue sancionado por 18 meses luego de dar positivo por tik (una metanfetamina).

Manyonga
Manyonga, en agosto de 2017, en su época de esplendor (Michael Steele/Getty Images)

Durante muchos años en su carrera supo convivir con la adicción. Consumía en la temporada de vacaciones, cuando no tenía que someterse a los controles propios de una competencia. En esos meses, cuenta, suplantaba la metanfetamina por la adrenalina que le provocaba el atletismo. Hasta que un día no pudo más.

La caída empezó cuando murió su madre. "Después de eso las cosas fueron muy cuesta bajo para mí. Usaba las drogas para no sentir el dolor. Todos los días tenía una dosis para nublar mi cabeza y no saber ni qué día era", relató. Poco después, un nuevo golpe lo hundió más: la muerte en un accidente de tránsito de quien fue su entrenador.

Tras eso, en diciembre de 2020 un nuevo doping positivo hizo que se ganara una sanción de cuatro años por no haber informado su paradero en el mientras tanto. Quedó solo, su entorno profesional se alejó. Y empezó a consumir cada vez más. "Le robé a la gente en la calle, arrebaté teléfonos, entré a casas", contó sobre su rally delictivo en busca de más dinero para comprar más droga y continuar el ciclo.

El punto de quiebre fue en 2023 cuando lo capturaron robando en Mbekweni, su barrio natal -y marginal-, y sufrió una golpiza. Le pegaron hasta con un bate de beisbol. Quedó muy lastimado y se dio cuenta que debía dar un giro en su vida. A partir de allí, se marchó a Eastern Cape y comenzó de nuevo. Planificó su retorno al atletismo poco antes de diciembre de 2024, cuando le levantarían la sanción, y empezó a entrenarse en soledad tras seis años parado. Stellenbosch, una pequeña competición, fue su lugar de regreso a los 35 años.

"Mi experiencia debe servir como advertencia para quienes son arrancados de la pobreza y arrojados de pronto a la fama y el dinero. Sé que aún tengo grandes saltos y medallas por ganar. Siento que mejoro con cada competencia. La memoria muscular no se olvida", dice con fe un nombre que volvió de las drogas. O, casi que es lo mismo, volvió de la muerte.

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