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Pena de muerte, "esclavitud moderna" y el desierto eterno: 10 cosas que pocos saben de Mauritania, el rival de Argentina

En un país donde el Sahara domina el paisaje, el fútbol crece entre la escasez de infraestructura, doctrinas arcaicas y prácticas aborrecibles que se creían obsoletas. Historias, datos y rarezas sociales, geográficas y deportivas del exótico rival del viernes.

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Por Marcos Carena

Datos sobre Mauritania, rival de la Selección Argentina

Datos sobre Mauritania, rival de la Selección Argentina
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En el mapa del fútbol mundial hay selecciones que cargan siglos de tradición y vitrinas repletas. Y hay otras que llegan desde territorios donde la pelota -y la estructura que sostiene al deporte- todavía camina varios pasos detrás del resto. Mauritania pertenece a ese segundo universo. Nacida entre las dunas interminables del Sahara, su selección representa a un país donde el viento esculpe la arena y las distancias se miden más en caravanas que en estadios. Desde ese paisaje áspero y remoto emergerá el rival de la Selección Argentina en el amistoso del viernes en La Bombonera: un equipo que trae consigo no solo futbolistas, sino también una geografía, una cultura y una historia que todavía se escribe.

Indagar sobre Mauritania implica mirar mucho más allá de un fútbol que crece como una anomalía persistente. Hay que viajar a ese rincón del noroeste africano -ubicado a orillas del Océano Atlántico- donde el desierto domina el horizonte y persisten realidades inverosímiles que chocan de frente contra los derechos humanos: la vigencia formal de la pena de muerte y las reiteradas denuncias internacionales sobre formas de esclavitud "moderna" que, pese a estar prohibidas por ley, todavía permanecen en las sombras.

Estas prácticas, que el mundo observa con preocupación y repudio, forman parte de un entramado social y político complejo, marcado por profundas desigualdades y tradiciones que aún generan fuertes cuestionamientos. En vísperas de su duelo con la Albiceleste, este recorrido permite asomarse a la identidad singular de un país y de su selección, conocida popularmente como los Leones de Chinguetti: una radiografía que combina geografía extrema, tradiciones desconocidas, doctrinas arcaicas, y el lento crecimiento de un deporte que intenta abrirse paso en el medio.

 1. Un seleccionado nacido en el desierto más implacable del planeta

Hablar de Selección de fútbol de Mauritania es, en esencia, hablar del Desierto del Sahara. Más del 90% de su territorio está cubierto por arena, viento y silencio. Allí, donde el agua es un bien escaso y la vida se adapta a condiciones extremas, el fútbol intenta hacerse lugar contra toda lógica: una pelota rodando en medio de un paisaje que parece negarse al movimiento.

En ese contexto, cada futbolista mauritano es también un sobreviviente geográfico. No solo compite contra rivales, sino contra las distancias, el clima y la falta de infraestructura. Su identidad futbolística está moldeada por esa resistencia: equipos austeros, físicos, acostumbrados a luchar más que a lucir.

2. Mauritania fue el último país en abolir la esclavitud, pero la práctica sigue arraigada

En lo que respecta a las entrañas del país propiamente dicho, aun en pleno siglo XXI, Mauritania es un exponente negativo de la preexistencia de prácticas arcaicas nefastas, repudiables y que se creían obsoletas. Si bien fue el último país del mundo en abolir la esclavitud, la cual fue prohibida por ley en 1981, según la Organización de las Naciones Unidas persiste "en determinadas zonas del país junto a formas contemporáneas de esclavitud".

De acuerdo a un informe de 2023, el sistema se encuentra arraigado en la división por castas de la sociedad. "El pueblo Haratin, uno de los grupos étnicos más numerosos del país, sigue siendo considerado una casta de esclavos en numerosas partes del país", indicó el ente intergubernamental. En 2018, el Índice Global de Esclavitud estimó que 90.000 personas seguían viviendo en formas "modernas" de esclavitud de una población que apenas superaba los 4 millones de habitantes.

3. La pena de muerte

En Mauritania, la pena de muerte sigue formando parte del sistema legal, en un marco jurídico influenciado por la costumbre islámica y por la aplicación de la sharía (la ley del Islam derivada del Corán y de la tradición jurídica religiosa) en algunos aspectos del código penal. La legislación contempla esta sanción para diversos delitos graves y también para conductas consideradas religiosas o morales, entre ellos, bajo ciertas condiciones, la blasfemia, el adulterio y la homosexualidad.

Sin embargo, distintos organismos internacionales subrayan que su aplicación está suspendida en la práctica desde hace décadas. La organización Human Rights Watch señala que el país mantiene la pena capital, aunque también reconoce que existe una moratoria de facto sobre las ejecuciones y otros castigos corporales inspirados en esa tradición jurídica religiosa.

En los hechos, Mauritania no ejecuta condenas a muerte desde 1987, una situación que llevó a que los organismos internacionales la clasifiquen como un país “abolicionista en la práctica”. Esto significa que, aunque los tribunales todavía pueden dictar sentencias de este tipo, las ejecuciones no se llevan a cabo y las condenas suelen quedar sin aplicarse. Ese contraste entre lo que establece la ley y lo que ocurre en la práctica refleja una de las complejidades del sistema jurídico mauritano, donde conviven normas aborrecibles.

 4. Mauritania, un novato en el mapa del fútbol mundial

Mauritania se afilió a la FIFA en 1964, aunque su inserción real en la competencia internacional fue lenta, casi tímida. Durante décadas, su selección transitó la periferia del fútbol global, lejos de los reflectores y de las grandes citas.

Recién en los últimos años comenzó a dar señales de crecimiento, con participaciones históricas en la Copa Africana de Naciones. Para un país sin tradición futbolística arraigada, cada clasificación fue un acto fundacional, como si estuviera escribiendo sus primeras líneas en una historia que otros comenzaron hace más de un siglo.

5. Un estadio como oasis: el epicentro en medio de la nada

El principal escenario del fútbol mauritano es el Estadio Olímpico de Nuakchot, ubicado en la capital, Nuakchot. En una ciudad que emerge como un oasis urbano en medio del desierto, el recinto funciona como punto de encuentro cultural, social y deportivo.

Allí, el fútbol deja de ser solo deporte para convertirse en una celebración colectiva. Las tribunas no solo albergan hinchas: contienen historias de migración interna, de comunidades nómades que se asientan, de un país que todavía está en construcción.

6. Futbolistas formados entre la precariedad de recursos y la diáspora

A diferencia de las potencias africanas, Mauritania no cuenta con una red sólida de formación. Muchos de sus jugadores se desarrollan en ligas locales semiprofesionales o deben emigrar tempranamente en busca de oportunidades, sobre todo hacia el norte de África o Europa.

Esa diáspora futbolística genera un fenómeno particular: la selección es un mosaico de historias dispersas. Hay quienes aprendieron a jugar en canchas de arena y quienes lo hicieron en academias europeas. El equipo, entonces, es una síntesis imperfecta pero fascinante de realidades muy distintas.

7. Cultura nómade, potencia física y una idea de juego con acento español

Mauritania arrastra una profunda tradición nómade. Durante siglos, gran parte de su población se desplazó por el desierto siguiendo rutas comerciales y ciclos climáticos. Ese espíritu de adaptación y resistencia también parece filtrarse en su identidad futbolística: jugadores físicamente poderosos, resistentes al esfuerzo y acostumbrados a competir desde la fortaleza corporal.

Sin embargo, el actual entrenador del seleccionado, el español Aritz López Garai, intenta agregarle una nueva capa a esa materia prima. Nacido en Bilbao y formado dentro de la escuela táctica del fútbol ibérico, su proyecto apunta a incorporar conceptos de orden, posesión y estructura colectiva para limar un perfil de futbolista que, según describe, tiene condiciones naturales muy marcadas.

“El jugador mauritano es físicamente muy fuerte, muy potente, pero muchas veces le falta pulir lo táctico, ese orden necesario que los entrenadores europeos podemos aportar”, explicó el técnico en diálogo con zeapp.site. La idea, entonces, es clara: combinar la energía y portento físico con una organización más refinada, inspirada en la tradición futbolística española.

Así entrena Mauritania, de la mano de Artiz López Garai

Así entrena Mauritania, de la mano de Artiz López Garai

8. Un crecimiento silencioso que empieza a hacerse oír

Lejos de los focos mediáticos, el país de África Occidental viene construyendo su camino con paciencia. Inversiones modestas, proyectos de desarrollo juvenil y una mayor organización institucional empiezan a dar frutos. No es una potencia ni pretende serlo de inmediato: avanza lento, pero constante.

Durante décadas, la Selección de fútbol de Mauritania fue prácticamente invisible en el mapa del fútbol internacional. Hoy ocupa el puesto 113 del ranking de la FIFA, una ubicación que refleja tanto sus limitaciones históricas como su crecimiento paulatino en el escenario global. 

Sin embargo, en los últimos años comenzó a escribir sus primeras páginas relevantes. Participó por primera vez de la Copa Africana de Naciones, repitió la clasificación en 2021 y su punto más alto llegó en la edición 2023 (celebrada a principios de 2024 en Costa de Marfil), cuando consiguió su primer triunfo en la historia del certamen (ante Argelia) y avanzó por primera vez a los octavos de final, donde quedó eliminado en un partido cerrado ante Cabo Verde.

A nivel reciente, su presente sigue siendo irregular: no logró clasificarse al Mundial 2026 y en las Eliminatorias africanas quedó relegado en su grupo, con escasa producción ofensiva. No hay pasado glorioso que sostener, pero sí un presente que empuja. Mauritania no defiende una historia: la está construyendo, tal como consignó su entrenador López Garai.

9. Un seleccionado “exportado”: Europa como escuela y refugio

A diferencia de lo que podría suponerse al mirar el mapa, la Selección de fútbol de Mauritania no es un equipo puramente doméstico, más bien lo contrario. Su identidad se construye, en gran medida, lejos de sus fronteras. Así lo dejó en claro su entrenador español, López Garai, al revelar un dato tan elocuente como revelador: "El 60% de nuestros jugadores juegan en Europa. Tenemos un número bastante grande, aproximadamente un 30%, que están en países africanos fuera de Mauritania: Marruecos, Libia y Egipto. En este caso, solo hay tres de la liga local”.

La frase no solo describe una distribución geográfica: dibuja un mapa de supervivencia futbolística. Mauritania exporta talento por necesidad, no por estrategia. Sus jugadores se forman -o terminan de formarse- en contextos ajenos, donde el roce competitivo es mayor y las estructuras más sólidas. Así, la selección se convierte en un punto de encuentro de trayectorias dispersas, una patria efímera que se reconstruye en cada convocatoria.

10. “AK-47”: cuando el apodo es una declaración de estilo

En un plantel que todavía escribe su propio camino, hay nombres que capturan la atención por su carga simbólica. Uno de ellos es el futbolista Aboubakar Kamara, apodado “AK-47”. ¿En alusión al fusible? No, no es lo que parece.

El mote no es casual ni caprichoso: responde a la conjunción de las siglas de su nombre y el número que lo suele identificar en el dorso de su camiseta. De hecho, ya es una habitualidad que en la alineación del seleccionado aparezca su polémico sobrenombre y no su apellido, como se oscila en el mundo del fútbol.

El delantero de 31 años es una de las "armas" clave que componen a esta Mauritania en ascenso, a cargo de romper la monotonía del partido con su potencia. Francés de nacimiento, pero con ascendencia africana, inició su carrera en el Mónaco y tuvo un paso por el Fulham de Inglaterra. Su presente radica en Tailandia, una liga menor, pero que no le quita el rótulo de referente cuando viste los colores que decidió defender más allá de su origen.

Aboubakar Kamara
Aboubakar Kamara, jugador de Kanchanaburi Power F. C y de Mauritania. (Pakawich Damrongkiattisak/Getty Images)

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