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Falta de figuras y liga devaluada: las razones de la situación crítica del fútbol italiano

La Azzurra deberá superar dos instancias de repechaje si no quiere volver a pegar el faltazo en una cita mundialista por tercera vez consecutiva. En paralelo, los clubes de la Serie A suman fracaso tras fracaso en los certámenes europeos.

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Italia deberá jugar el repechaje europeo a fines de marzo para evitar quedarse afuera del Mundial por tercera vez consecutiva. (Getty Images)
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“Siamo fuori della coppa”. Aquella icónica frase de Andrea Prodan, hermano de Luca, líder y cantante de la mítica banda de rock Sumo, que se utilizó para burlarse de Italia en una publicidad por la eliminación que le propinó la Argentina en el Mundial 1990, quedó marcada a fuego en el inconsciente colectivo de los argentinos y resume a la perfección la caída del gigante europeo en su propia fiesta. 36 años después, esas palabras continúan teniendo vigencia, ya que el fútbol italiano atraviesa una profunda crisis que podría desembocar en un final mucho más oscuro.

Tras la cuarta estrella obtenida en Alemania 2006, la Azzurra no logró superar la fase de grupos en Sudáfrica 2010 y en Brasil 2014, y lleva dos faltazos consecutivos en las citas mundialistas, ya que no estuvo ni en Rusia 2018 ni en Catar 2022.

Pero la pesadilla no termina ahí, ya que la selección dirigida por Gennaro Gattuso aún no se aseguró su boleto para la próxima Copa del Mundo y corre serio peligro de sumar un rotundo tercer fracaso seguido, lo cual sería inaceptable para uno de los países más representativos en la historia de este deporte.

Lo cierto es que, tras finalizar segundo por detrás de Noruega en el grupo I de las Eliminatorias Europeas, cosechó 18 puntos en 8 encuentros disputados y perdió los dos duelos ante Erling Haaland y compañía; el tetracampeón mundial deberá jugar el repechaje, al igual que lo hizo en 2018 y 2022, cuando cayó ante Suecia y Macedonia del Norte respectivamente.

En un camino más que escarpado, la Squadra Azzurra deberá superar dos instancias eliminatorias para evitar un nuevo papelón. Primero, recibirá a Irlanda del Norte el próximo 26 de marzo y, en caso de quedarse con la victoria, se medirá con el ganador de la llave entre Bosnia y Gales (ante cualquiera de los dos será en condición de visitante) por el boleto definitivo a Estados Unidos-Canadá-México 2026.

La Eurocopa 2020, en la que superó por penales a Inglaterra en la final disputada en Wembley, significó un oasis en el desierto, ya que fue el único título que el país de la bota conquistó en los últimos 20 años.

Al margen de la escasez de trofeos, Italia tampoco ha dado en la tecla con la elección del entrenador. En la última década, pasaron seis técnicos distintos por el banco de la Azzurra y ninguno parece haber sido el correcto. Ni Antonio Conte, ni Giampiero Ventura, ni Luigi Di Biagio (interino), ni Roberto Mancini, ni Luciano Spalletti, ni, por ahora, Gennaro Gattuso, encontraron soluciones para rescatar a La Nazionale del pozo depresivo.

A esta problemática se le suma la escasez de nombres descollantes que puedan cambiar la ecuación dentro de la cancha. Enterradas profundamente en el pasado, quedaron las gambetas y la magia de Roberto Baggio, la elegancia y los goles de Alessandro Del Piero, la inteligencia y polivalencia de Paolo Maldini o las atajadas de Dino Zoff, entre tantos otros íconos que supieron desplegar su magia con la casaca azul.

El seleccionado 2026 tiene como estandartes a jugadores como Nicolo Barella, Gianluigi Donnarumma o Manuel Locatelli, quienes, si bien son buenos futbolistas, no son apellidos que hagan saltar a los tifosi de sus asientos ni que figuren en los rankings de los mejores del mundo.

A nivel clubes, el panorama también es bastante desolador. La actualidad de los equipos italianos dista mucho de su mejor versión, la cual exhibieron durante su época dorada en los 90, década en la que, entre Juventus, Milan, Inter, Parma, Sampdoria y Lazio, levantaron 13 títulos UEFA (tres Champions, siete Copas UEFA y tres Recopas) y posicionaron a la Serie A como la mejor liga del planeta.

En la corriente edición de la Champions, el Atalanta, que se verá las caras con el Bayern Múnich en octavos, es el único equipo italiano que sigue con vida. El vigente campeón de la Serie A, Napoli, no logró superar la fase de liga de la competición (terminó 30° entre 36 equipos); el actual líder del Calcio, Inter, perdió la ida y la vuelta de los playoffs ante el sorprendente Bodo Glimt, mientras que la Juventus también cayó en esta instancia contra el Galatasaray.

Desde el 2010, cuando el Inter venció al Bayern Múnich en el Santiago Bernabéu con dos goles de Diego Milito, que un conjunto italiano no gana el máximo certamen continental europeo. Desde entonces, solo el Nerazzurri (2023 y 2025) y la Vecchia Signora (2015 y 2017) alcanzaron una final.

Pero la crisis también se evidencia puertas adentro. A diferencia de lo que ocurría hasta hace no tantos años atrás con estrellas como Cristiano Ronaldo, Kaká o Zlatan Ibrahimovic, las grandes figuras del fútbol contemporáneo dejaron de elegir a los equipos italianos como el sitio para desplegar todo su potencial.

Retomando lo mencionado anteriormente sobre la escasez de jugadores destacados nacidos en la tierra de la pasta y de la pizza en el último tiempo, existe una cierta falta de arraigo e identidad en el Calcio actual. Un claro ejemplo es que en el derbi de la Madonnina del último domingo, en el que el Milán venció 1 a 0 al Inter, el Rossoneri no presentó ni un solo italiano en su once titular. Todo un síntoma de que el talento no abunda entre los ragazzi.

La acumulación de fracasos deportivos a nivel selección y clubes, la falta de nombres rutilantes y la devaluación de la liga local en todo concepto han colocado al fútbol italiano en una situación crítica, de la que parece estar lejos de salir. El primer paso para la reconstrucción será asegurarse de estar entre los 48 países que disputen la próxima cita mundialista y así, volver a encender paulatinamente la llama de la ilusión en 59 millones de tifosi.

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