Los rivales más débiles a los que se enfrentó la Selección Argentina
Lejos del ranking FIFA y de amistosos frente a países protagonistas en el mapa mundial, la Albiceleste tuvo etapas en las que organizó encuentros ante clubes o combinados extraños, que dieron lugar a duelos inéditos, frente a oponentes raros y no siempre del mejor nivel futbolístico.

Determinar quién fue el oponente más humilde que enfrentó la Selección Argentina a lo largo de su historia es un ejercicio de subjetividad pura. El criterio suele prestarse a discusiones: para algunos, el dato mata al relato y hay que mirar el Ranking FIFA actual para encontrar cruces como el reciente ante Mauritania o el que se vendrá esta noche frente a Zambia, o goleadas estadísticas frente a Singapur, Hong Kong o aquel 5-0 a Estonia con la mano de Messi. Incluso, la memoria nos lleva a duelos exóticos como contra la Selección de Cataluña, un combinado que, pese a su jerarquía de estrellas, siempre tuvo ese tinte de "partido raro", o los ensayos domésticos contra aquel combinado de Rosario en el 74, donde la leyenda del Trinche Carlovich humillando al equipo del Polaco Cap permanece en el recuerdo colectivo.
Sin embargo, si rascamos el fondo del tarro de la era previa a México 86, los criterios de selección nacional quedan chicos ante la aparición de los clubes. Aquel equipo de Carlos Salvador Bilardo vivía en un limbo de resultados: venía de ser cacheteado por potencias como Francia (derrota 0-2) y de tocar fondo ante la entonces semi profesional Noruega (caída 0-1). En ese clima de incendio mediático, el Narigón buscó refugio en amistosos que hoy sonarían a "picado de entrenamiento", como el 0-0 contra el Junior de Barranquilla en Colombia o incluso el persistente mito, aunque nunca del todo confirmado por los registros oficiales, de un duelo contra el L'Aquila de la cuarta división italiana, una historia que camina entre la crónica de la época y la leyenda urbana de los Abruzos. Pero hubo tres partidos que sí dejaron huella, datos y, sobre todo, mística.
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Si hay un registro que parece un sueño febril es el de la última semana de mayo de 1989. Argentina, que al igual que hoy era la campeona mundial y se preparaba para defender el título en 1990, estaba concentrada en Trigoria y, para ganar rodaje, debía enfrentar a la selección de Italia. Sin embargo, los principales clubes como Inter, Sampdoria o Juventus decidieron no ceder a sus mejores futbolistas y el rival mutó en un club llamado Ternana, que en ese momento militaba en la Serie C2, lo que hoy en día es la cuarta categoría del fútbol italiano.
Lo más surrealista fue la formación que permitió Bilardo: Diego Armando Maradona jugó junto a sus hermanos, Lalo y el Turco frente a un público que oscilaba entre las 15 mil y las 20 almas, todas agrupadas para ver a Dios. Fue un 7-2 anecdótico donde el 10 se divirtió en una cancha de ascenso rodeado de su familia. Para agregar más condimentos, los comandados por Bilardo utilizaron unas camisetas prestadas de color azul. Los goles albicelestes fueron obra de los dobletes de Pasculli y Burruchaga, Garré y Sergio Batista, mientras que el propio Diego selló la cuenta, dejando una imagen que hoy sería imposible de repetir en una Selección Mayor a días de un Mundial.
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Otro extraño y flojo rival de la celeste y blanca fue Grasshoppers de Suiza, en un choque que se dio el 1º de abril de 1986, a pocos meses de iniciar aquel eterno viaje a la final de la Copa del Mundo de México en el Estadio Azteca. Sin embargo, en la previa, la incertidumbre y el ostracismo eran totales. El equipo no funcionaba, la prensa argentina pedía la cabeza del técnico y la Selección no lograba quebrar a un club de la liga helvética.
Fue un 1-0 agónico con gol de Sergio Omar Almirón sobre la hora, concretamente a los 33 del segundo tiempo, tras una asistencia de Ricardo Bochini. Las crónicas de los enviados especiales de aquel entonces fueron lapidarias: Argentina no aportaba nada y el nivel preocupaba, en lo que fue el punto de mayor tensión táctica del ciclo. Bilardo se encerró a ver videos convencido de que, si sufrían contra los suizos, la aventura en México iba a ser un calvario de apenas tres partidos

Ya en tierras mexicanas, a solo seis días del debut ante Corea del Sur, ocurrió un episodio que sería casi inverosímil, de no ser por los registros de la época. El 26 de mayo, Argentina enfrentó a un desconocido Deportivo Neza, club de la liga local que años más tarde terminaría vendiendo su plaza para convertirse en los Tiburones Rojos de Veracruz.
Lejos de ser una leyenda urbana, la existencia de este encuentro está respaldada por documentos de peso. El propio Diego Maradona, en su libro "Así ganamos el Mundial", relata las semanas de encierro en el Centro de Capacitación (CECAP) y la necesidad de soltar las piernas antes del debut. Los registros de los cronistas que cubrían el búnker argentino dan fe de lo increíble: Carlos Bilardo hizo de árbitro. Con un silbato en la boca, el DT paraba el juego cada vez que un defensor no retrocedía o para repetir una jugada preparada. Argentina ganó 3-1 con goles de Maradona, Pasculli y Almirón en un ensayo de 80 minutos que sirvió para que el equipo encontrara la fórmula que lo llevaría a tocar el cielo con las manos en el Azteca.

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