Detrás de las medallas: el precio oculto del atleta más ganador de todos los tiempos
Michael Phelps enfrentó, en la cima de su carrera, una lucha más dura que cualquier final olímpica: la depresión, y hoy prefiere que sus hijos no sigan el mismo camino que él recorrió en la natación.

Durante casi dos décadas, su nombre fue sinónimo de récords, podios y dominio absoluto en el agua. Sin embargo, detrás de la imagen imbatible, hubo una historia marcada por la presión y el sufrimiento silencioso. Michael Phelps es el deportista olímpico más ganador de todos los tiempos, pero también un sobreviviente emocional.
Nacido en Baltimore, Phelps fue un prodigio desde adolescente. A los 15 años ya competía en los Juegos Olímpicos y con el tiempo se transformó en leyenda, especialmente tras su actuación histórica en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, donde ganó ocho medallas de oro. Luego consolidó su dominio en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y cerró su carrera en los Juegos Olímpicos de Río 2016 con un total de 28 preseas, 23 doradas. Nadie ganó tanto en la historia del deporte olímpico.
Sin embargo, el éxito tenía un costo y confesó haber sentido un vacío emocional muy grande después de cada competencia. En una entrevista con la cadena CNN, ya retirado después de Río 2016, habló sobre sus episodios de depresión, sus problemas con el alcohol y los momentos en los que llegó a pensar que no quería seguir viviendo. Aquella revelación marcó un antes y un después, no solo en su vida, sino también en la conversación global sobre salud mental en el deporte.
Recientemente en una entrevista con Whoop Podcast, el atleta fue todavía más claro sobre las consecuencias de esa presión acumulada: no quiere que sus hijos se dediquen profesionalmente a la natación. Según explicó, no desea que atraviesen las mismas exigencias extremas que lo acompañaron durante 20 años.

Hoy, lejos de la competencia, Phelps se convirtió en un referente en la concientización sobre salud mental. Da charlas, participa en campañas y promueve que los atletas pidan ayuda sin miedo. El campeón que parecía invencible entendió que el verdadero desafío no era tocar primero la pared, sino aprender a vivir en equilibrio fuera de la pileta.





