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Un Boca - Universidad Católica de lujo: el día que jugaron juntos Maradona y Riquelme

En un amistoso de 1997, Diego y Román compartieron cancha por primera vez. Fue seis días antes del partido ante Argentinos, el único oficial de los dos ídolos en simultáneo. Riquelme usó el número 7. Boca tuvo un penal y, por pedido de Maradona, lo pateó -y desvió- Rambert.

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Por Andrés Burgo

EL PRIMER PARTIDO de MARADONA y RIQUELME JUNTOS ???????? BOCA 2-3 U. CATÓLICA - AMISTOSO 1997

EL PRIMER PARTIDO de MARADONA y RIQUELME JUNTOS ???????? BOCA 2-3 U. CATÓLICA - AMISTOSO 1997
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El historial entre Boca y la Universidad Católica tiene escondido una gema que debería ser declarada de interés para el fútbol mundial: el día en que Diego Armando Maradona y Juan Román Riquelme jugaron juntos por primera vez. Muy pocos lo recuerdan y sin embargo ocurrió en aquel amistoso del lunes 18 de agosto de 1997: contra lo esperado -porque además Diego y Román compartieron los 90 minutos y aportaron sendas asistencias-, el equipo chileno ganó 3 a 2 en la Bombonera.

Suele ser más conocido el estreno -y también la despedida- oficial de Maradona y Riquelme juntos, erróneamente presentado como la única vez en simultáneo de Diego y Román: el triunfo 4-2 de Boca ante Argentinos en la 1ª fecha del Apertura 97, el domingo 24 de agosto -tras el partido, a Diego le daría positivo el control antidoping por tercera vez y aceleraría el final de su carrera-. Sin embargo, seis días antes, ambos habían sido socios futbolísticos en el amistoso ante la Católica.

Maradona se retiraría poco después, el 25 de octubre -cinco días antes de cumplir 37 años-, en el entretiempo del clásico ante River, justo cuando ingresó Riquelme, entonces de 19. Uno en versión crepuscular y otro naciente, ambos irrepetibles y símbolos de la bosteridad, Diego y Román apenas llegaron a coincidir pero, como en una carrera de postas, alcanzaron a entregarse el testigo azul y amarillo.

Aquel Boca-Universidad Católica fue en el contexto del Torneo de Invierno 1997, un cuadrangular que comenzó el día anterior, el domingo 17 de agosto, con el triunfo por penales 7-6 de Independiente sobre Racing en el Cilindro de Avellaneda. La otra semifinal quedó para un choque entre el equipo que entonces dirigía Héctor 'Bambino' Veira y los chilenos en una Bombonera con 25 mil personas divididas entre populares llenas y plateas semivacías. Desde ya, nadie suponía que ese amistoso perdido se convertiría con el tiempo en un incunable xeneize.

El partido marcó, en cierta forma, otro regreso de Maradona, que apenas había jugado dos partidos -uno amistoso ante Newell’s, el 9 de julio, y uno oficial contra Racing, el 13 de ese mes- en el último año, desde que el 11 de agosto de 1996 dejara transitoriamente la actividad tras una derrota 2-1 ante Estudiantes. Era un Diego, además, enojado con Mauricio Macri, entonces presidente de Boca, a quien le pedía refuerzos para el Apertura 1997, entre ellos a Martín Palermo, Guillermo y Gustavo Barros Schelotto -llegarían los tres-, José Luis Chilavert y el defensor brasileño Ricardo Rocha.

“Si estoy en la cancha es porque me quiero divertir. Hablé con Macri y se tranquilizó, y eso es mucho. Tenemos un buen plantel pero queremos tener un gran plantel”, dijo Maradona dentro del campo de juego, antes del partido. Como si en pocos segundos cupieran dos gritos de décadas, la Bombonera cantó primero “Maradooo” y, acto seguido, siguió con “Riqueeelme”, que ya sumaba 22 partidos oficiales entre 1996 y el primer semestre de 1997.

Lógicamente con Maradona con la camiseta 10, a Riquelme le tocó un número extraño, el 7. Volvería a ocurrir algo similar a los seis días, en el debut en el Clausura, ante Argentinos: Diego con la 10 y Román con la 9. Eran tiempos, todavía, en que los números podían cambiar de partido a partido. Recién a partir de la tercera fecha del Apertura 1997, o sea al mes siguiente, en septiembre, los futbolistas comenzaron a llevar una cifra personal e inalterable para toda la temporada.

Veira dispuso una formación con Abbondanzieri; Sergio Castillo (en su debut, lateral derecho proveniente de Deportivo Español), Traverso, Fabbri, Arruabarrena; Toresani, Alfredo Berti (el actual técnico de Independiente Rivadavia), Riquelme; Maradona; Latorre y Rambert.Riquelme puede ser el socio ideal de Diego en la mitad de cancha”, dijo antes del partido, casi proféticamente, Alejandro Fabbri, para la transmisión de Zeapp Sports. 

Diego y Román
Diego con la 10, Román con la 7. La primera de las dos veces que compartieron cancha con la camiseta de Boca.

Inesperadamente, sin embargo, Universidad Católica se puso en ventaja a los dos minutos con un remate de David Bisconti, ex volante ofensivo de Central y uno de los tres argentinos en el equipo visitante, junto a Ricardo Lunari -ex Newell’s- y Alberto Beto Acosta, ex Boca -y por supuesto, San Lorenzo-.

Poco después, a los 9 minutos, ocurrió algo extraño: Boca tuvo un penal a favor pero, con Maradona, Riquelme y Latorre en la cancha, el ejecutante fue Sebastián Rambert. Tras la decisión -dudosa- del árbitro argentino Oscar Sequeira, la Bombonera gritó a favor de Maradona, que además había sido protagonista con un lujo de su sello en la jugada previa, tras pase de Riquelme. Y sin embargo, pese a ese “Maradooo” como súplica, Diego le entregó la pelota a Rambert para que ejecutara la falta.

Aunque suene insólito, el propio Diego dudaba de su maestría: un año atrás, en 1996, había errado cinco penales de manera consecutiva, ante Central -2-, Belgrano, River y Racing. Rambert relataría ese momento incómodo a Zeapp Sports en 2023: “Hasta ese entonces -por 1997-, los penales los pateaba yo, hasta que vino Maradona. Los hacía. No tenía un penal errado. Maradona había errado varios y prometió que no pateaba más. Era un quilombo: la Bombonera gritando 'Maradooo'. Para mí era hacer todo lo más lento posible hasta que diga: 'Dame, lo pateo yo'. Pero Diego me aplaudía. Toda la gente quiere que lo patees vos, lo pateo yo y lo erro... ¿Qué necesidad?.

Dicho y hecho: Rambert erró el penal -lo atajó el arquero chileno Álex Varas-, pero la vuelta de tuerca fue que Maradona sentiría el fallo como propio. O incluso peor. Según contó Rambert en ese Líbero Versus, el 10 volvería a realizar sin que nadie lo supiera en ese momento uno de sus habituales gestos de grandeza hacia sus compañeros -o rivales, según la ocasión-.

“Vamos a entrenar en la semana y me encuentro con Cóppola (Guillermo, el representante de Diego), que me dice: 'Pascualito, Diego quiere hablar con vos'. Termina de entrenar y me juntan a hablar con Maradona. Y lo que tenía era esto: 'Te quiero pedir disculpas. No sabés lo mal que me sentí después del partido. Esto no se va a volver a repetir. Yo prefiero que me puteen a mí a que tengan que putear a un compañero mío por culpa mía, recordó Rambert, que recordó “el gesto de grandeza de Maradona ante esas situaciones”.

Boca llegó al empate transitorio, a los 29 minutos, tras un golazo de Latorre -el hoy analista televisivo-, pase previo de Riquelme. Pero el Boca de Veira no arrancaba y los chilenos llegaron a sacar una ventaja de dos goles en el segundo tiempo con los tantos de Aníbal González y otro de Bisconti, esta vez de rebote tras un penal que Abbondanzieri le había atajado en primera instancia.

Ya a los 41 minutos del complemento, llegó el descuento de Arruabarrena de cabeza, tras un centro de Diego, que no alteró el resultado. Universidad Católica pasó a la final del Torneo de Invierno que a las 48 horas se quedaría Independiente con un triunfo 2-0 ante los chilenos en la entonces llamada Doble Visera.

Riquelme, pese a su juventud, terminó jugando de volante central, administrando y conduciendo el juego de su equipo. Maradona, puro amor propio -disminuido, rumbo a su función final-, también jugó un buen partido. Uno comenzaba y otro terminaba, aunque los dos son eternos y se juntaron a zapar en una noche olvidada contra la Universidad Católica.

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