La mano de Alá: voces acerca del nivel de los deportistas musulmanes durante el Ramadán
En el noveno mes del calendario islámico, los fieles, como Lamine Yamal y Mohamed Salah, se abstienen de comer y de beber desde el amanecer hasta la puesta del sol. Deportistas, entrenadores y especialistas analizan los beneficios y las formas de minimizar las contras del ayuno.

Un jab de izquierda y un recto de derecha quiebran la voluntad de Facundo Ottaviano. La Locutora arrastra las palabras: "Damaass y caballerooos, es ganador por nocaut técnico, Touba La Baaamba Negraaa Niiiang". Luego de que el árbitro que levante su brazo izquierdo, aquel 13 de marzo en el Estadio de la Federación Argentina de Boxeo, el senegalés se arrodilla y apoya la frente contra la lona del ring.
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El Sujud, resume el pugil africano, es una forma de reconocerle a Dios que todo lo que sucede es gracias a él. Sin embargo, considera “incompatible” al Ramadán con sus semanas previas a un combate porque sus entrenamientos son “muy fuertes y consumen mucha energía”. En Inglaterra, lejos del ring, la estrella de Liverpool Mohamed Salah replica el gesto para celebrar algunos de sus asiduos goles y respeta el mes sagrado al pie del deber. Ser o no ser. Esa es la cuestión.
Niang interpreta el Ramadán como “un mes para acercarse a Alá, perdonar a los demás y disculparse de los pecados”. En sintonía, una definición enciclopédica apunta que es el noveno mes del calendario islámico, con una extensión de 29 o 30 días, en el cual los practicantes se abstienen de comer, de beber y de toda intimidad sexual desde el amanecer hasta la puesta del sol, con excepciones para niños, ancianos, enfermos, mujeres embarazadas y viajantes. El Corán, libro sagrado que dicta las máximas de esta religión, no contempla privilegios para los deportistas.
Además, la festividad se mueve entre 10 y 11 días por año, producto de la sutil diferencia entre el calendario gregoriano (empleado mayoritariamente en Occidente) y el lunar, que tiene 354 o 355 jornadas. Este desfase permitió que el periodo sagrado coincidiera con los Juegos Olímpicos de Londres 2012. En aquella ocasión, el bioestadístico Abdulaziz Farooq, quien trabaja en la oficina del Centro de Investigación de Salud y Rendimiento Deportivo de Aspetar -un hospital privado en Catar-, encuestó a 54 futbolistas que se abstuvieron de nutrirse con el sol brillando y los resultados indicaron que reduce la calidad del descanso (53,7%), el tiempo de sueño (61,2%), la potencia (77,8%) y la concentración (69,8%).
Primero, mi religión
Rodolfo Zapata, director técnico que dirigió seis equipos en cinco países de África (Nigeria, Sudáfrica, Botswana, Kenia y Ruanda), destaca que “jamás tuvo un hombre desgarrado”. No obstante, su bautismo fuera del cristianismo lo descolocó: “Tenía siete u ocho musulmanes por plantel. Al principio, hasta dudaba en usarlos porque ni siquiera almuerzan los días de partido. Después comprendí que ellos creen que Alá les da la fuerza para jugar mejor. De hecho, la performance es buena”.
Hasta Buenos Aires llegan los ecos del Jardín del Edén. Abdel Rakaz tiene 23 años y una máxima: “Mi religión es lo primero en mi vida”. Luego de devoto, el camerunés es futbolista: se mudó de Yaundé, capital de su país, a la pensión de San Lorenzo cuando había dado 15 vueltas al sol y ahora integra la reserva de Banfield.
El lateral diestro lee las instrucciones del profeta Mahoma como método de inmersión antes de salir a la cancha, realiza “con buena onda” el ayuno desde que cumplió 14 y sentencia que “nunca sintió algo extraño” en las prácticas. Con su español en desarrollo, argumenta que lo protege un escudo: “La fe es algo invisible, pero nosotros creemos en ella”.
Según el Pew Research Center, hay aproximadamente 2.000 millones de musulmanes en el mundo (el 26% de los habitantes de la Tierra). En esa lista, destacan dos estrellas de la Premier League. Noussair Mazraoui, defensor marroquí de Manchester United, afirma que “se siente con mucha energía” en tiempos de ayuno, mientras que el volante maliense de Everton, Abdoulaye Doucouré, se enorgullece de nunca haber “sufrido problemas físicos”.
Que Alá te lo devuelva con bondad y bendiciones
El sanjuanino Tomás Perucca vive hace seis años en Kuwait (el Islam es la religión oficial de un Estado que tiene aproximadamente 5 millones de habitantes) y recientemente presentó su tesis para obtener la licenciatura en Educación Física. Su estudio utilizó como ejemplares a sus alumnos de triatlón e intentó explicar cómo afecta el ayuno en sus rendimientos: “Hice una batería de test un mes antes y otro durante. Los resultados son inconclusos: hay casos que mejoran, otros se mantienen y algunos que empeoran sus marcas. Tu nivel depende de cuánto duermas, qué comas y cómo trabajes”.
Pese al confuso algoritmo, Perucca consiguió dos certezas. En principio, una prueba quemó todos los libros que había leído: “Tenía miedo de que extiendieran sus días, no descansaran y nunca bajasen el cortisol (hormona responsable del estrés). Entonces, le pedí a los chicos que hagan un análisis de sangre y dieron normales. No sé de qué manera, pero el cuerpo termina adaptándose”. Por otro lado, identificó una tendencia: "Lo que no le pega bien a nadie es el transcurso de las semanas. La cuarta es la que más pesa porque se acumula el cansancio. Después de tanto sacrificio, es una lucha mental”.

Federico Russo, psicólogo dedicado al deporte, enseña que un atleta tiene cuatro núcleos: “Lo físico, lo técnico y lo táctico suman; lo mental, multiplica”. Dentro de la esfera de lo mental, la motivación es central y, advierte el especialista, “para un creyente no hay estímulo más grande que su Dios”.
El alemán Antonio Rüdiger, zaguero indiscutido de Real Madrid que cumple a rajatabla el ritual, destaca que la fortaleza de su cabeza es una de sus “principales armas”, pero Saidou Khan, gambiano que se desempeña desde 2015 en el ascenso de Inglaterra, abre otra dimensión: “Me suelen sacar menos tarjetas amarillas porque estoy mucho más sereno. En esas cuatro semanas, mi cuerpo se siente mejor que en todo el año”. Khaled Rajab, rugbier australiano libanés, va más allá: “Cuando siento el vacío en mi panza, me acuerdo de la gente necesitada, y esto no es nada con lo que están pasando”.
Acerca de esa sensación de bienestar, problematiza Russo: “La base del Ramadán es una unión espiritual muy fuerte entre Alá y la comunidad, en la que cada fiel trata de ser el mejor discípulo posible”. Antes de que finalice el mes divino, los fieles cumplen con el Zakat al-Fitr, una donación de alimentos obligatoria y destinada a ayudar a celebrar a los que no pueden.
Competir en ayunas
La boxeadora iraní Tina Rahini documentó su preparación para París 2024, edición que inició casi dos meses después del Ramadán: “Me levantaba a las 3 de la mañana, antes del suhoor (comida anterior al alba), para hacer mi entrenamiento cardiovascular. Luego, rompía el ayuno y regresaba al gimnasio alrededor de las ocho de la noche”. Al respecto, Perucca piensa que si se cuida la intensidad del entrenamiento, baja y constante o enérgica y corta, el cuerpo responde y es seguro. Sin embargo, Aitor Ugalde, nutricionista de Osasuna de España, encuentra un problema: “Las sesiones se pueden regular, pero la exigencia de una competición no se elige”.
Cada mañana, el joven Lamine Yamal, heredero de Lionel Messi en Barcelona, se atiborra con un desayuno-comida secundado por una pastilla de electrolitos que lo mantiene hidratado durante el día. La bonaerense María José, nutricionista deportiva, subraya que “con una correcta planificación, es posible adaptarse a esta práctica sin comprometer la salud” y recomienda la ingesta de “alimentos ricos en carbohidratos complejos, grasas saludables, vitaminas y minerales” durante el periodo permitido. En cambio, Perucca comparte una preocupación: “El gran problema es cumplir con la exigencia de 1.5 gramos de proteínas por kilo de peso que demanda el cuerpo de un atleta. Con solo dos comidas fuertes, es muy difícil. Usualmente le pido a mi alumnado que tome un batido proteico y eso ayuda”.

Entre tantas voces disidentes entre sí, se realizaron dos estudios con el foco en la probabilidad de lesiones de futbolistas en el intersticio sacro, uno en Qatar y otro en Túnez. Ambos utilizaron metodologías diferentes y hallaron conclusiones contradictorias: aún no hay consenso científico. ¿Alguna vez lo habrá?
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