La historia de Jermaine Pennant, el "chico malo" que jugó con tobillera electrónica en la Premier y admira a Messi
El inglés fue una de las grandes promesas del Arsenal de Arséne Wenger, pero su alcoholismo, sus problemas de salud mental y su preferencia por la vida nocturna no le permitieron explotar su potencial.

“Fui a hablar con Thierry Henry a la salida del vestuario y me dijo: ‘Solo míralo’. Lo miré y parecía un bebé, pero nos había dado una paliza”, reveló el ex futbolista inglés Jermaine Pennant acerca de la vez que enfrentó a Lionel Messi. Aquella noche del 21 de marzo de 2010, el Barcelona derrotó 4 a 2 a su equipo, Real Zaragoza, y el rosarino, que en ese entonces tenía 23 años, marcó un hat-trick.
Pennant quedó fascinado con aquella actuación y, aunque su talento con la número cinco estaba lejos del que ostentaba el astro argentino, él mismo supo ser una de las grandes promesas del fútbol inglés. Pero su falta de profesionalismo, su debilidad por la vida nocturna y sus problemas con el alcohol le jugaron en contra.
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Pennant nació en 1983 en The Meadows, un barrio de Nottingham, una de las ciudades más pobres del Reino Unido, según los informes anuales del gobierno británico. Hundido en la oscuridad de una dura infancia (su madre lo abandonó, no fue a la escuela y su padre se volvió adicto a las drogas), el fútbol fue su única luz de esperanza.
Ingresó a la academia del Notts County cuando era niño y, con tan solo 15 años, el entrenador Sam Allardyce lo hizo debutar en el primer equipo en un duelo ante el Sheffield por la FA Cup. Rápidamente, a los 16, firmó con el Arsenal de Arséne Wenger a cambio de dos millones de libras.
Tras destacarse en las juveniles y algunas buenas apariciones en el primer equipo del club londinense, Pennant tendría su primera vez como titular, un 7 de mayo de 2003 contra el Southampton. Aquella fue una tarde soñada, ya que el Arsenal goleó 6 a 1 y él anotó tres goles, los únicos que marcaría para los Gunners.
Lo que el ex futbolista confesó tiempo después fue que la noche anterior al partido había asistido a la fiesta de la reconocida revista británica FHM y se había acostado a las 7 de la mañana, por lo que afrontó el compromiso con apenas un par de horas de sueño y una significativa resaca.

Al no figurar en los planes de Wenger, el extremo fue cedido al Watford y al Leeds en búsqueda de sumar rodaje, pero no logró sobresalir. Hasta que recaló en el Birmingham a comienzos de 2005. Exhibió un buen nivel en sus primeras presentaciones, pero los problemas extra futbolísticos volverían a atormentarlo.
El 1 de marzo fue detenido por conducir borracho, sin seguro ni registro (se lo habían quitado previamente por un episodio similar) y estrellarse contra un poste. “Buenas noches, agente, soy Ashley Cole”, le dijo Pennant al policía que lo detuvo, pero el oficial no era tonto y, además, le gustaba el fútbol. A pesar de identificarse como su íntimo amigo y ex compañero en el Arsenal, no logró gambetear la ley y pasó 30 días en la cárcel.
Una vez que recuperó su libertad, el técnico Steve Bruce volvió a confiar en él y lo incluyó en el once titular en el empate 1 a 1 ante el Tottenham. Pero lo más curioso de aquel partido fue que Pennant lo jugó con una tobillera electrónica, la cual debía utilizar por su reciente arresto y para cumplir con el toque de queda que se le impuso entre las 19 y las 7. Aquella singular y excéntrica escena volvería a repetirse en los siguientes partidos.
Tras tres temporadas en el club de sus amores, Liverpool, en las que disputó 81 encuentros y marcó tres tantos, se mudó a España para jugar en el Zaragoza. Lejos de alcanzar su mejor versión allí (jugó solo un año y no anotó goles), se vio aturdido por las fiestas, el alcohol y las mujeres.

Sus escapadas para disfrutar de la vida nocturna de Barcelona, los cuatro días en los que anduvo de fiesta en fiesta en Marbella con sus amigos, mientras que al club le dijo que había viajado a Inglaterra a resolver asuntos personales y sus recurrentes llegadas tarde a los entrenamientos, colmaron la paciencia del técnico, Marcelino, quien decidió mandarlo a préstamo al Stoke City.
A pesar de sus desventuras fuera de la cancha, Pennant dejó un buen recuerdo en el vestuario del club español. “Era muy simpático y jamás tuvo un problema con nadie. Era de esos futbolistas que ayudan a que el grupo sea más sano”, aseguró su ex compañero Javier Paredes.
Mientras su Porsche Turbo estaba mal estacionado en la estación de tren de Zaragoza y acumulaba meses y meses de multas, el propio Pennant admitió haberse olvidado de que tenía ese auto, intentó reencontrarse con su nivel en el Stoke City, lo cual, lamentablemente, no sucedió.
Luego de deambular por el ascenso inglés y las ligas de la India y Singapur, decidió colgar los botines en 2018. En su autobiografía, ‘Mental’, admitió haber sido alcohólico desde adolescente y haber luchado contra la depresión y su salud mental a lo largo de toda su carrera. Lo cierto es que la etiqueta de ‘chico malo’ lo encasilló en un lugar que no merecía y su enorme potencial se vio desperdiciado por las dificultades que lo atormentaron fuera de la cancha.





