Agenda

Estadísticas

Reels

Hizo Inferiores en River y Vélez, vivió en una pensión abandonada, la rompió en Italia y sueña con la Champions

Se trata de Pedro Rodríguez Ablanedo, volante central argentino que, a sus 23 años, tuvo que lidiar con situaciones insólitas durante su carrera en Europa. Actualmente, recala en el fútbol suizo y anhela disputar el máximo certamen europeo.

Author
Por Federico Zbogar
Pedro Rodríguez en el Stade Nyonnais de Suiza
Pedro Rodríguez en el Stade Nyonnais de Suiza
+ Seguinos en

El fútbol es un generador de historias por doquier. Su inmensidad y la cantidad de universos que lo entrelazan producen un sinfín de situaciones surrealistas que sorprenden hasta al más incrédulo de todos. Vivencias que parecen guionadas por el mismísimo Damián Szifron y que se escapan del mundo de la ficción para transformarse en realidad. Pedro Rodríguez Ablanedo es una epítome de ello.

Hizo Inferiores en River y Vélez. A sus 18 años y en búsqueda de oportunidades emigró a España, donde tuvo un paso interrumpido por una durísima lesión. Luego, deslumbró en Italia y en la actualidad milita en Suiza, un auténtico trotamundos. ¿En el medio? Vivió en una pensión abandonada, fue ídolo de pueblos y víctima de muchas mentiras de dirigentes, entrenadores y representantes. Pedro es un gato. Porque tiene siete vidas en una sola.

Normalmente, descifrar cómo es una persona a través de un monitor –forzado por la enorme distancia que hay entre Argentina y Suiza– es casi imposible. Y el casi está por casos como el del volante central, que a las pocas palabras cruzadas ya trata de “amigo” y responde cada pregunta con una sonrisa de oreja a oreja, incluso aquellas cuyas respuestas contienen los recuerdos más dolorosos.

En la Argentina compartió categorías juveniles y formó amistades con futbolistas como Giuliano Simeone, Mateo Pellegrino, Franco Alfonso o Matías Soulé. En diálogo con zeapp.site, comentó que el Millonario es un “club gigantesco y ejemplar”. Sin embargo, su etapa terminó inesperadamente y cuenta con Diego Cholo Simeone como protagonista.

-En River hiciste escuelita, tres años de Inferiores y quedaste libre. ¿Qué ocurrió?

-Fue muy feo el momento, porque termina el año, último entrenamiento y el entrenador dice: "Bueno, tal, tal, tal y tal vienen conmigo". Faltaba un partido y salíamos campeones. Y como había jugado todo el año titular en liga y jugábamos el sábado estaba tranquilo. Y cuando me nombraron, todos mis compañeros me miraron y me quedé aturdido. En ese momento era muy cercano a Giuliano (Simeone) y me acuerdo de estar tirado en casa deprimido y me llama el Cholo y me dice: “Me imagino que ya sabés a dónde vas a ir. Mirá que sos un jugadorazo. Andá a Vélez que es un club increíble, yo salí de ahí”. Me dio ese empuje. También me dijo algo que me marcó. El sábado teníamos el partido y no sabía qué hacer, porque una vez que te dejan libre te sentís excluido. Me dijo: “En el fútbol hay que ser un hombre genuino. Demostrale a los que te dejaron libre que vos sos más fuerte que ellos". Salimos campeones, me tiraban para arriba, fue un momento único.

A los 14 años quedó rápidamente en el Fortín y comenzó un ciclo que catalogó como “increíble en todos los aspectos”. Creció “como futbolista y como persona”, hizo muchas amistades y tuvo grandes experiencias, desde su ingresó en la octava división hasta entrenar con el plantel de Primera a los 18. No obstante, la alta competitividad en su puesto (nombró a Máximo Perrone y a Christian Ordoñez, ambos en la Serie A actualmente) lo llevó a meditar la chance de cruzar el charco y jugar en Europa, que era “un sueño” para él.

Tras una ayuda de Franco Russo, amigo suyo y defensor con una larga etapa en el fútbol español, se presentó la oportunidad de jugar en el Rayo Vallecano B, la filial del primer equipo. “Ahí fue donde arrancaron los problemas”, expresó entre risas, aunque escudado por su optimismo: “Son todas cosas que te hacen crecer”.

“Cuando me van a firmar me dicen: ‘Te queremos firmar, lo único tenemos que ver porque queda un sólo cupo y hay jugadores que están en pretemporada con Primera, hay que ver si bajan’. Y le pregunté por qué no me avisó antes, ya estaba terminando la pretemporada. Te hacen así, pero después si bajaba el de primera, ya está, te quedás sin club. Y ahí empecé a dar vueltas”, comentó con cierto tono de indignación y resquemor, en diálogo con zeapp.site.

Después de la negativa en Vallecas, lo intentó en el Unión Deportiva San Sebastián de los Reyes y en la filial del Alavés, donde no fue citado, una situación novedosa para él, ya que acostumbraba a quedar “en cada prueba que hacía”. De todos modos, cambió el refrán y a la cuarta fue la vencida, en el Ourense de Galicia.

-¿Cómo viviste tu etapa por el Ourense?

-Fue muy dura. Era mi primera experiencia afuera, 18 años. Los primeros tres meses no podía jugar porque no me llegaba el transfer, imagínate entrenar y saber que no jugás es muy duro. Igualmente, siempre fui profesional, haciendo doble turno, cuidándome, pero es duro. Cuando vuelvo a jugar me pasa la lesión y tomé la decisión de recuperarme en Argentina. Mis compañeros, bien, pero los dirigentes y el entrenador no se comportaron bien conmigo. Me dejaban de lado a veces y cuando tuve la lesión, me dijeron: "Tranquilo, anda a recuperarte, acá tenés las puertas abiertas para cuando vuelvas, contamos con vos”. A los dos meses me enteré que me habían desvinculado del equipo por Instagram, nadie me mandó un mensaje, nada. Imagínate estando en Argentina, lesionado, solo y sin club. Son todas cosas que me fueron fortaleciendo, entonces estoy también agradecido con todo eso que me tocó vivir.

La herida en cuestión fue una rotura del labrum del hombro, de la que se tuvo que operar tras haberse asesorado con cuatro especialistas. Durante el largo período de recuperación de seis meses entrenó arduamente, al punto de hacer hasta cuatro turnos por día. También, fue ayudado por Mateo Pellegrino (delantero del Parma), uno de sus mejores amigos, a quien le está “muy agradecido”. “El trabajo siempre tarde o temprano paga. Fue una filosofía mía y la tengo desde que estaba sin club, desde que estaba en las últimas categorías y la tengo el día de hoy”, agregó.

Luego de haberse recuperado, la odisea en el viejo continente continuó. Su representante le dejó de contestar y de la desesperación, le enviaba mensajes a técnicos de cuarta división con su currículum y jugadas, con el afán de encontrar un equipo. Por problemas económicos, durmió en un hostel en donde compartió habitación con ocho personas y comía “lo justo y necesario”, mientras la frustración le ganaba la mano y no podía contener las lágrimas cada vez que volvía de entrenar.

Octubre de 2022. Gonzalo Labanca, amigo suyo, lo contactó con su representante Francesco y le consiguió un club en la Sexta División italiana. Con ironía y una risa hasta incrédula, comentó que pasó “de entrenar con la Primera de Vélez a la Sexta de Italia”. Las ganas de fútbol eran tales que accedió y comenzó una nueva era en el Folgore Castelvetrano de Sicilia. El motivo por el que jamás pensó en regresar a la Argentina lo tiene claro: anhela jugar la UEFA Champions League, cuyo logo tiene tatuado en su brazo izquierdo.

-¿Por qué la obstinación de seguir en Europa? ¿No pensaste en volver a la Argentina?

-Tengo un sueño que tenía desde chico, lo tengo hasta el día de hoy y estaba tan convencido que en ningún momento se me cruzó por la cabeza ni dejar el fútbol ni volver. Siempre soñé con jugar acá en Europa. Mi sueño es jugar la Champions, por ejemplo. La tengo acá tatuada. Si llego a hacer un gol, no sé cómo le voy a dar un beso. Todavía estoy muy lejos, pero lo creía posible cuando estaba sin club, en sexta división, imagínate ahora.

Toda la travesía que padeció en España es insignificante a comparación de lo que Pedro Rodríguez Ablanedo vivió en Italia. Porque paradójicamente, mientras era el ídolo del pueblo y aclamado por todos, vivía en una pensión abandonada completamente deteriorada, en la que no tenía ni agua.

-¿Cómo fue vivir en una pensión abandonada en Italia?

-Me dicen: "Venite, tenemos la casa”. Cuando llego, era una pensión abandonada. Alrededor del estadio eran tres pisos con ocho habitaciones gigantes abandonadas, el comedor enorme y yo estaba sólo, no había nadie. Las otras siete habitaciones todas llenas de basura. Llego sin agua porque el agua de ahí era la misma que el riego del estadio. Para lavar los platos tenía que bajar tres pisos, entrar en un cuarto tenebroso, abrir una llave… Nada, un quilombo. No me podía duchar. Las paredes, llenas de humedad. Al tercer día hubo un diluvio y me entró agua por todos lados. Todo muy precario, el baño no tenía luz, entonces tenía que entrar con la linterna del celular. A la semana me entraron a robar. Vuelvo de entrenar y la puerta, abierta. Había entrado un borracho y gracias a Dios me robó pocas cosas, entonces quedó en anécdota. Fue duro y me acuerdo que mis compañeros mismos me decían: "¿Vos vivís acá?". Todas, todas juntas. Pero yo estaba tan feliz que estaba con un club que te juro que no me afectó nada. Yo entraba a la pensión haciendo un “padre nuestro” del miedo que tenía, pero estaba feliz y fue una etapa que me fortaleció mucho. Por suerte fue breve la etapa porque llego en octubre y en diciembre me voy, entonces fueron dos meses y medio ahí. Lo más positivo fue que me iba tan bien en los partidos que la gente me amaba, el verdulero me regalaba verdura, el pescadero me regalaba pescado, el de la pizzería me regalaba pizza. En ese sentido estaba feliz.

El esfuerzo sobrehumano de vivir en una pensión abandonada, junto a su gran nivel desplegado lo llevó a pegar el salto de dos categorías y jugar en el San Cataldese de la Serie D. El mediocampista lo sintió “como un premio”, llegó a jugar hasta contra el histórico Catania y se llevó experiencias “muy lindas”. No obstante, no todo fue color de rosa, ya que, una vez más, una nueva traba en el camino complicó la situación de Pedro.

-¿Qué te pasó en el San Cataldese una vez terminó la temporada?

-Me querían renovar un año más y el representante de turno me dijo que no firme, que tenía algo mejor. Yo todavía estaba verde, tenía 20 años. Había tenido tres propuestas de Serie D, la San Cataldesa y dos más. Y rechacé todo porque él me había prometido. Al final era todo mentira. Sobre el final, me acuerdo que me mandó un audio y me dice: "Pedrito, ¿cómo andás?. Che, mira, se cayó todo, pero bueno, tengo una solución”. Me terminó mandando a un equipo de Eccellenza, que es la quinta. Me dice: “Tranquilo, es un equipo que apunta a ganar el campeonato, te van a pagar bien". El equipo no era a ganar, se quería salvar, me había dicho que tenía una cancha de pasto y no la tenían. Entrenamos toda la pretemporada en una cancha de tierra. Lo más amateur que te puedas imaginar. Me dijeron que iba a vivir solo o máximo con dos más. Terminé compartiendo con diez italianos en una casa, problema de pago, todo. Me tocó comer mierda, que la verdad que con todo lo que había pasado, era una anécdota más.

Sin embargo, no tomó recaudo en denunciar la situación que suele ocurrir con los representantes en Italia: “Mienten mucho, te prometen cosas que no son y cuando venís de afuera, al no conocer nada, les creés”. Así fue como recaló en el Leonfortese, aunque no por mucho tiempo. Fue el segundo goleador del equipo –como volante central– y tuvo ofertas de 16 equipos. Tras analizar todas las posibilidades, optó por jugar para el Vigor Lamezia de la Quinta División, institución en la que deslumbró por completo.

Descrito por Pedro, el Vigor Lamezia de Calabria era un club potente en su división, con una “muy buena hinchada” y “encaminado”, lo que resultó en “la mejor decisión” que tomó en Italia. Arribó en la mitad de la campaña 2023/24, alcanzaron las semifinales nacionales de ascenso y lo galardonaron como el mejor mediocampista del torneo.

“La gente me demostró un cariño espectacular. Salía a la calle y me pedían fotos, cosas, autógrafos… O sea, nunca me había tocado vivir esas cosas y para mí fue increíble”, agregó. Pese a tener ofertas para escalar categorías (diez equipos de Serie D), se sintió tan querido y tenía tantas chances el equipo de campeonar que optó por quedarse una temporada más, en la que terminaron ascendiendo. “Fue la decisión acertada”, concluyó.

-Ascenso, mejor mediocampista del campeonato otra vez… ¿Cómo viviste todo ese año?

-Ganar un campeonato siempre es lindo. Me tocó vivir cosas espectaculares. Ganar un campeonato y todo lo que conlleva, el afecto de la gente, la verdad que fue un año espectacular. Pude hacer goles, me sentí muy protagonista y eso al jugador le da un montón de confianza. Y bueno, fue lo que me permitió dar el paso a lo que es el fútbol profesional.

A pesar de tener ofertas de la Serie C, Rodríguez Ablanedo cambió de dirección y luego de tres años en el país de la bota, se marchó al Stade Nyonnais de la Segunda División de Suiza, aconsejado por un excompañero suyo de Vélez, Juan Ghía. “Después de analizarlo mucho, la verdad que obviamente me gustaba mucho lo que es el fútbol italiano, pero era una Tercera División en Italia contra una Segunda acá en Suiza, que estás a un paso de Primera. Entonces, por eso opté por venir acá al fútbol suizo y fue para mí la decisión acertada, señaló.

-¿Qué objetivo personal tenés de cara al corto plazo?

-Mi objetivo es ir a la Primera División, tanto de Suiza como de algún que otro país de acá. Venir acá me hizo abrir la cabeza a muchos aspectos y ver muchos mercados que antes no consideraba, que son muy buenos. Mi idea es intentar hacer lo mejor posible estos meses que quedan para intentar dar el salto.

Muchísimo frío (hay parate las primeras semanas de enero por la cantidad de nieve que cae), hinchadas poco pasionales y un fútbol intenso, pero sin roce, en el que “no se mete tanto como en la Argentina”. Actualmente vive una vida rutinaria, como bien marca la historia y la cultura suiza, con su pareja Abril Garófalo. Según él, la propia estructura “obliga” a que todo sea rutinario, en el marco de una sociedad recta y sosiega, que acostumbra una vida tranquila y que “no tiene mucho ocio”.

Pedro Rodríguez Ablanedo, en el Stade Nyonnais de Suiza
Pedro Rodríguez Ablanedo, en el Stade Nyonnais de Suiza

-Tu sueño es jugar la Champions. ¿Hay algún club especial en el que pienses?

-En el Napoli me encantaría. En toda mi etapa en Italia le agarré mucho cariño a la gente del sur y fui varias veces a Napoli y me encantó, la verdad, la gente, todo. Le agarré un cariño bárbaro, más allá de la historia del Diego y todo, pero le agarré mucho cariño y es un club que me encantaría jugar.

Mientras respondía aquella última pregunta, Pedro miraba hacia arriba, como quien visualiza sus anhelos en su propia mente. Dijo “soñando en grande”, aunque las dimensiones de sus vivencias ya no tienen magnitud. A tan sólo 23 años, atravesó las mil y una noches, pasó por situaciones inhóspitas y vivió sucesos inauditos. Todo, bajo un mismo propósito: jugar al fútbol.

Te puede interesar