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El exboxeador que lleva los guantes a penales e institutos de menores como camino de reinserción

Alberto Ezequiel Melián, alias Impacto, se retiró en febrero de 2025, pero desde hace tiempo realiza varias iniciativas sociales en barrios y unidades penitenciarias con el boxeo como herramienta transformadora.

Alberto Melian - 
Alberto Melián, el exboxeador que lleva los guantes a penales e institutos de menores como camino de reinserción.
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Por Fernando Bajo

Alberto Ezequiel Melián está parado detrás del mostrador del local de indumentaria y accesorios de boxeo que tiene en el barrio porteño de Almagro. Lleva puesta una camiseta de la selección argentina y, a pesar de que pasó un año desde su retiro como pugilista profesional, físicamente luce impecable, aunque con algunos kilos más que cuando superaba la balanza para competir en peso pluma. Tal es su aspecto de púgil que cualquiera que ingrese a Impacto Sports, el negocio que lleva de nombre su apodo, difícilmente no lo reconozca. Primero, porque su nariz ancha es testigo de los golpes que acumuló en su carrera; y segundo, porque en un lado de su cuello lleva tatuado su apellido, mientras que del otro está el nombre de Thaiel, su hijo de 12 años.

Absolutamente todo lo que gira alrededor de la vida de Melián tiene que ver con el boxeo. Incluso, su emprendimiento, que abrió hace aproximadamente un año, porque está sobre la calle Don Bosco, a la vuelta de la Federación Argentina de Boxeo, donde Impacto se entrena por la tarde, luego de atender su local, ya que aspira a subirse nuevamente al cuadrilátero. “Volví a entrenarme hace tres semanas porque hice una exhibición y como tengo un proyecto en el que organizo eventos de boxeo, estoy viendo si puedo regresar al ring en una pelea para impulsar esa iniciativa, reconoce en diálogo con zeapp.site.

En los días de Melián hay tiempo para todo. Comienza dejando a su hijo en la escuela, luego atiende su propio negocio, se entrena, vuelve al gimnasio que tiene en Villa Madero y antes de dormir se convierte en chofer de una aplicación porque, aclara, la situación no está sencilla. Pero en medio de esa rutina agobiante, Impacto se hace tiempo para trabajar por el pugilismo y por los demás en distintos proyectos sociales. Estuve dando clases en el club La Esquina Hace Arte de Villa 20, que era un programa de deporte con clases gratuitas para los chicos de ahí. Trabajé un año ahí porque me lo ofreció Mariano Plotiski, que estaba a cargo del área de combate, y me invitó porque sabía que me gustan todos esos tipos de ideas. Di charlas en una colonia de verano, jornadas de entrenamiento y de boxeo, que es lo que hoy hago con normalidad”, cuenta.

Alberto Impacto Melián
Alberto Melián junto a su padre José Alberto, exboxeador.

Y también hacés lo mismo en unidades penitenciarias, ¿cómo fue que llegaste hasta ahí?

—Sí, mi primera vez fue hace 12 años, también con un proyecto en el que los pibes entrenaban y me invitaron al Complejo de Devoto. Al tiempo de eso me encontré con Adrián Torres, quien hoy es un amigo y fue un boxeador que estuvo privado de su libertad, pero siguió su carrera como amateur y profesional, y salió cinco veces a pelear mientras cumplía condena. Él me contó su historia y pudo reinsertarse gracias al boxeo. Hoy tiene un local propio, le va muy bien, es admirable lo que logró y me acompaña en esta iniciativa. Él me pidió ir un día a la Unidad Penal N°43 de González Catán, donde estaba detenido su hermano.

¿Cómo fue esa visita?

—Llegamos y eran como 60 pibes en ese pabellón. Enseguida me recibieron bien, nos pusimos a tomar unos mates y hablamos mucho porque estaban muy interiorizados en el boxeo. Las 4 horas no nos alcanzaron para hacer el entrenamiento. Cuando salí me dije: ‘Tengo que hacer algo con estos pibes, están tan interesados que el deporte tiene que ser algo que los motive’. A partir de ahí hicimos charlas, entrenamientos y eventos en varios lugares. Fuimos a la Unidad 32 de Florencio Varela, a la Unidad 1 de Olmos, la Unidad 58 de Lomas de Zamora y también tengo contacto con la Unidad 48 de San Martín, que ahí están los Espartanos (fundación que trabaja por la reinserción social y laboral a través del rugby).

¿Y cuál será la próxima?

—El 11 de marzo, en la Unidad 6 de Dolores, vamos a organizar el primer evento intercarcelario de la historia que contará con cinco o seis peleas fiscalizadas por la Federación Argentina de Boxeo y estará en juego el cinturón Future WBA Champions. Será un reconocimiento a Gilberto Mendoza, quien falleció hace 10 años y fue presidente honorario de la Asociación Mundial de Boxeo. Con esto quiero que crezca el deporte, sobre todo en lugares donde vale la pena trabajar.

Durante la charla, Melián mostrará en su teléfono un grupo de WhatsApp donde abundan videos de los pugilistas que se preparan para la velada del 11 próximo. Entre las imágenes también se filtran mensajes de aliento entre sí, pese a que muchos serán rivales y aunque faltan algunos permisos de la Justicia para los traslados de todos los jóvenes privados de su libertad. “El domingo me mandaron videos de su preparación; eso es el boxeo, una amistad y un compañerismo colectivo. Para conseguir el beneficio de salir, ellos tienen que tener un puntaje de 10, pero igualmente están motivados. Ojalá puedan venir todos, desea.

En este caso, el boxeo es una herramienta de reinserción social para muchos pibes privados de su libertad.

—Mi lema es: en los barrios transmito deporte, para que los chicos se acerquen, y en las unidades penitenciarias, intento que se puedan reinsertar en la sociedad. Quiero que el boxeo crezca y que también se vea la herramienta que puede ser. A mí me echaron de la escuela a los 13 años por mala conducta, no tenía otra cosa que hacer que estar en la calle y me volqué al boxeo por mi viejo (N. de la R.: José Alberto Melián, quien fue campeón argentino y sudamericano en peso superligero). Llevo el boxeo en la sangre. No me interesa que salga que en una unidad penitenciaria hay dos boxeadores que se están matando. Todo lo contrario, quiero que vean que hay dos boxeadores que vienen de una vida muy dura y que están tratando de salir adelante mediante un deporte que tiene reglas, que te exige compromiso, constancia, alimentarte bien y te puede proponer grandes metas.

También visitaste institutos de menores, ¿cómo llegaste ahí y qué rescatás de ese trabajo?

—Un día me llamaron del Instituto San Martín de Parque Chacabuco porque faltaba el profesor de boxeo. Me dieron media hora para charlar con cada grupo, que era muy poco, y ahí la realidad es diferente a la de una unidad penitenciaria porque los pibes están en otra muchas veces, pero puse arriba de la mesa los cinturones que gané y los chicos quedaron fascinados. Una vez que terminó el encuentro me preguntaban cuándo iba a volver, me felicitó hasta el director y eso que soy un cuatro de copas en el boxeo, no un campeón mundial.

La carrera profesional de Melián fue la de un boxeador promedio. Acumuló 12 victorias, 4 derrotas y un empate. “Yo era uno más, capaz me destacaba por ser rápido y por mi técnica, pero nunca tuve la pegada, que es el talento real. Lo que logré fue a base de compromiso, constancia y perseverancia”, dice el nacido en Villa Dolores el 2 de enero de 1990, que como amateur logró un hito: ser uno de los once pugilistas en competir en dos Juegos Olímpicos (Londres 2012 y Río 2016). El cordobés, que se crió en La Paternal desde los 8 años y ni siquiera guarda el acento de su provincia natal, se retiró de la actividad en febrero de 2025, cuando denunció “manejos oscuros” de algunos promotores.

Alberto Impacto Melián
Alberto Impacto Melián lleva a cabo proyectos sociales en unidades penitenciaras, barrios e institutos de menores.

Esa pelea contra el negocio la llevó durante buena parte de su trayectoria, lo que le valió desaprovechar algunas oportunidades y ser mirado de reojo en el ambiente, porque él arreglaba sus propios combates. Hoy trabaja con la misma perseverancia que mostraba arriba del ring para cambiar lo que no le gusta del boxeo.Nosotros tenemos talento en los barrios y en las villas, pero los estudios médicos para pelear cuestan cerca de 200 mil pesos. Hay mucha gente que no tiene esa plata. Una vez, mediante contactos, conseguí estudios para 50 chicos y un día en la FAB, mientras estaba vendiendo remeras de mi local en una velada, se acercó un boxeador que peleaba esa noche a agradecerme porque había podido renovar su licencia gracias a lo que hicimos y eso es impagable, aunque no me lo hubiera reconocido, porque no lo hago por el reconocimiento, lo hago porque quizá a uno nadie lo ayudó y yo quiero cambiar eso”, se sincera.

¿Viviste esa falta de solidaridad entre boxeadores o esa ayuda que nunca llegó?

—Cuando tenía 15 o 16 guanteaba con boxeadores que los sponsoreaban marcas de primer nivel, les daban bolsones de ropa y nunca recibí ni una remera. Yo me prometí tratar de cambiarlo. Ojo, también hubo mucha gente que sí me ayudó, hay de todo. Cuando hice mi primera pelea me prestó las botas el Combito Toledo, un exboxeador salteño.

Con los eventos en los barrios, Melián visitó varios lugares de Capital Federal y el AMBA, como la Villa 20 de Lugano, la Isla Maciel, Villa Tranquila, Villa 31 y el Bajo Flores. Por eso fue nombrado embajador por la Asociación Mundial de Boxeo, entidad que también avaló un cinturón para los campeonatos que realiza Impacto, que ya cruzó la frontera y llegó hasta Perú. Pero su rol social no termina ahí. El invierno pasado repartió café y camperas junto a Torres y para este año esperan hacer ollas populares.

Alberto Melián
Melián y su lado solidario: suele realizar donaciones y asistir a personas en situación de calle.

¿Qué otro proyecto tenés a futuro?

—En algún momento pienso poder formar una fundación porque me identifico con lo social y creo que son cosas que pueden ayudar mucho a las personas. Hoy los costos de los eventos en los barrios los afrontamos nosotros, solo nos acompañan Villa del Sur y Villavicencio en la parte deportiva. Gracias a Dios por ahora me abren las puertas en todos lados.

Luego de una hora de charla, a Melián lo espera otra rutina de entrenamiento en la FAB. Aún no sabe si pronto tendrá enfrente a un rival que mida la fuerza de sus puños. Lo que sí sabe es que el verdadero impacto ya no se define por nocauts ni por por puntos, porque fuera del cuadrilátero, su impacto es otro: el que abraza a pibes en institutos de menores, el que funciona como segundas oportunidades en unidades penitenciarias y el que acerca a jóvenes al deporte en los barrios. Y ese impacto no necesita del conteo de un árbitro ni de las tarjetas de los jueces.

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