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El ciclista que estuvo dos semanas en coma y tuvo que someterse a una reconstrucción facial

El italiano atraviesa la recuperación luego de un siniestro estremecedor y contó cómo enfrentó las secuelas físicas y emocionales que casi le cuestan la vida.

Baroncini
El italiano sufrió un accidente que lo alejó de la actividad durante 5 meses.
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El 6 de agosto marcó un antes y un después en el pelotón internacional, cuando una caída estremeció a propios y ajenos durante una competencia en Europa del Este. El protagonista fue Filippo Baroncini, un corredor del UAE Team Emirates, cuyas imágenes posteriores generaron conmoción por la gravedad de las lesiones sufridas.

La escena ocurrió en un descenso traicionero, con una curva cargada de grava que terminó siendo decisiva. La bicicleta perdió estabilidad, el cuerpo salió despedido y el impacto contra un muro lo dejó en estado crítico, obligando a los médicos a inducirle un coma durante dos semanas.

Tras ese período, el ciclista italiano decidió refugiarse en su entorno íntimo, pero con el paso del tiempo eligió contar en primera persona lo vivido. En una entrevista, explicó que aún arrastra secuelas físicas y un fuerte impacto psicológico: “Todavía recuerdo cada detalle del choque…”, confesó al describir la dificultad para volver a enfocarse en la competencia.

El parte médico inicial fue alarmante. Fractura de clavícula, una vértebra cervical comprometida y un severo traumatismo facial conformaron el diagnóstico que encendió todas las alarmas y puso en riesgo su futuro deportivo.

Baroncini
El ciclista confesó todo lo vivido mediante sus redes sociales.

Con crudeza, el corredor dio detalles del daño sufrido en el rostro: “Tenía la mandíbula rota, la nariz aplastada y casi me quedo ciego…”. También reconoció que los anteojos de sol, paradójicamente, evitaron consecuencias aún peores. Posteriormente, el traslado a Italia permitió avanzar con el tratamiento. En Milán fue sometido a una operación de reconstrucción facial que se extendió por 11 horas, un procedimiento clave para su recuperación. Al despertar, la sensación fue tan fuerte como reveladora: “Entendí que era un milagro seguir vivo”, admitió.

En su carta pública, profundizó sobre el costado emocional del episodio. El mayor temor no estuvo ligado al dolor físico, sino a la posibilidad de dejar un vacío en su familia, una idea que definió como el golpe más duro de todo el proceso. Finalmente, el mensaje cerró con una mirada esperanzadora. Habló de un renacer personal y deportivo, con la ilusión de volver a competir cuando su cuerpo se lo permita: “No puede llover para siempre”, escribió, convencido de que regresará al pelotón con más determinación que antes.

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