Agenda

Estadísticas

Reels

Una pelea que sacudió a River: a 20 años del choque Merlo-Gallardo

En el inicio de 2006 se desató uno de los mayores conflictos entre técnicos e ídolos del Millonario. El Muñeco, entonces jugador, le planteó a Mostaza su disgusto por el juego del equipo y el entrenador renunció en Mar del Plata. Cuatro años después, la barra lo trataría de “golpista”.

Author
Por Andrés Burgo
Merlo y Gallardo
Gallardo y Merlo, juntos en un entrenamiento. En 2006, el Muñe le planteó a Mostaza su disgusto por el juego del equipo y el DT renunció. (@fotobairesarg)
+ Seguinos en

La historia de River está llena de cortocircuitos y disidencias entre técnicos e ídolos. A veces se trató de peleas y tensiones fuertes. Otras, de guerras frías y relaciones en tensión, al borde de la ruptura. El último caso sigue fresco, el de Martín Demichelis y Enzo Pérez en 2023, pero en el pasado se acumularon varios conflictos más: Matías Almeyda y Fernando Cavenaghi en 2012, Diego Simeone y Ariel Ortega en 2008, Ramón Díaz y Enzo Francescoli entre 1996 y 1997, Daniel Passarella con diversos referentes del plantel a inicios de los 90 y Alfredo Di Stéfano con el Beto Norberto Alonso en 1981. A esta lista, sin embargo, le falta un episodio especialmente doloroso para River: cuando Mostaza Merlo y Marcelo Gallardo, todavía como jugador, se pelearon a inicios de 2006.

Hoy hace dos décadas, el 2 de enero de 2006, River volvió a los entrenamientos para encarar el nuevo año. El 2005 había terminado a puro festejo para Boca, que en diciembre había ganado el Apertura y la Sudamericana, pero la numerología parecía un buen augurio para el club de Núñez: en todos los años terminados en 6, River había avanzado al menos hasta la final de la Libertadores. En 1966 y 1976 había sido subcampeón detrás de Peñarol y Cruzeiro, respectivamente, y en 1986 y 1996 había levantado la Copa tras vencer al América de Cali.

Parecía un pacto con el diablo que llevaría otra vez a River a la definición de la Libertadores y, sin embargo, el 2006 se rompió enseguida, apenas comenzado: tras unos pocos días en Buenos Aires, el plantel se trasladó a Mar del Plata y el domingo 8 de enero estalló el conflicto entre Merlo y Gallardo, que tomaría estado público al día siguiente y derivaría en la sorpresiva renuncia del entonces entrenador y la inmediata asunción de Daniel Passarella en su reemplazo.

En el excelente libro Gallardo Monumental, publicado en 2015, el periodista Diego Borinsky cuenta que la relación entre Mostaza y el Muñeco había tenido un primer cortocircuito en 2005, durante una derrota 3 a 1 contra Gimnasia en el Monumental por la 17a fecha del Apertura, el 27 de noviembre. Aquella tarde, Gallardo -que se había enojado primero con Andrés San Martín, volante central, porque a pedido del técnico jugaba muy retrasado- se fue expulsado sobre el final el primer tiempo por un insulto al árbitro Rafael Furchi. Acto seguido, durante el descanso en el vestuario, Merlo lo expuso en el vestuario delante de sus compañeros:Es de poco hombre dejar al equipo con 10”.

Gallardo contraatacó con vehemencia y la discusión se tornó tan áspera que el intervalo duró 10 minutos más que los 15 reglamentarios: el Muñeco atisbó a pelearse con el técnico, pero otros jugadores los separaron cuando parecía inevitable un enfrentamiento a golpes de puño. Al martes siguiente, no obstante, Mostaza le pediría disculpas al Muñeco delante de todo el plantel y la relación pareció mejorar: el 10 valoró el gesto del entrenador. Entre ambos, sin embargo, quedaba un asunto difícil de zanjar: la filosofía futbolística, lo que el Muñeco definiría -como se diferenció de Estudiantes en 2025- “otra cultura”.

El vínculo entre Mostaza y River es atemporal, pero tuvo dos capítulos muy diferentes, uno en pantalones cortos y otro como técnico. Desde su debut en los torneos de AFA, en 1905 por el campeonato de Tercera, hasta el último partido, el 23 de noviembre pasado ante Racing por el Clausura 2025, 1.305 futbolistas jugaron para River. De todos ellos, el que sumó más partidos fue Merlo, con 563 encuentros entre 1963 y 1984. Mostaza, incluso, nunca cambió de camiseta. Fue, como Ricardo Bochini para Independiente o Francesco Totti en la Roma, un “One Club Man”. Hay otros pocos casos similares: Paolo Maldini (Milan), Carles Puyol (Barcelona) y Ryan Giggs (Manchester United). Dos leyendas de River de entre los años 30 y 60, Ángel Labruna y Amadeo Carrizo, jugaron para otros clubes al final de su carrera. Merlo no: siempre permaneció en Núñez.

Ya como entrenador, Mostaza -acaso como reflejo de su paso como futbolista, cuando era un volante central de corte defensivo, más quitador que pasador- construyó equipos que priorizaron el orden y los recaudos por sobre la aventura futbolística. En su primera etapa al frente de River, en el segundo semestre de 1989, consiguió buenos resultados -le ganó a Boca “la final olvidada” por la Liguilla y terminó segundo, a un punto de Independiente, en la primera ronda de la temporada 1989/90-, pero el estilo de juego no seducía a una mayoría. Incluso Carlos Menem, ya presidente de Argentina, solía declarar su disgusto por el River de Mostaza.

Muchos años después, de regreso a River en agosto de 2005 en reemplazo de Leonardo Astrada -destituido en medio del conflicto entre Horacio Ameli y Eduardo Tuzzio-, Merlo ya había conseguido un imposible: llevar a Racing a ganar un título local después de 35 años, el Apertura 2001. Su propuesta futbolística, sin embargo, seguía lejos de la vocación ofensiva y el juego colectivo que River suele pregonar en su historia. Sus equipos preferían el equilibrio defensivo por sobre la creación. En ese contexto, Gallardo -típico 10 riverplatense, de juego asociado y búsqueda ofensiva-, se sentía incómodo. Pero el combo, además, incluía los supuestos destratos de un ayudante de Mostaza con los juveniles del plantel.

Al chispazo inicial en aquel partido contra Gimnasia a fines de noviembre de 2005 le siguió la explosión final. Fue en los primeros días de enero de 2006, el domingo 8, ya en la pretemporada en Mar del Plata. Por la noche, River jugaría ante San Lorenzo pero, como presentaría un equipo de suplentes y juveniles, los habituales titulares se entrenaron por la mañana. Allí, Gallardo volvió a fastidiarse con los integrantes del cuerpo técnico cuando escuchó que, tras un entrenamiento con poca exigencia, les pidieron a los jugadores que simularan: “Pongan cara de cansados que ahí llegan los periodistas”. Entonces el Muñeco pensó que debía irse de River, que no podría convivir otro semestre con esa idea de trabajo. Esa misma tarde, el 10 encaró a Mostaza.

-Carlos, no es nada personal, pero estoy incómodo, no estoy de acuerdo con tu proyecto, con la forma de entrenar y de jugar. Así no te voy a servir, se va a generar quilombo, me voy-, le dijo Gallardo.

-¿Y tus compañeros qué piensan?, le repreguntó Merlo.

-La mayoría piensa como yo.

Los referentes, que no jugarían por la noche, se fueron esa tarde a la playa. Tras el 0 a 0 ante San Lorenzo en un partido aburridísimo, el Muñeco volvió a hablar con Mostaza y le ratificó que se iba. Borinsky recrea esas horas de tensión en “Gallardo Monumental”.

-¿Es cierto que te tomaste alguna copita para juntar coraje y encarar a Merlo?

-Ese mismo día, como no jugábamos, tuvimos la tarde libre después del entrenamiento y fuimos a la playa. Nos tomamos unas cervezas, que pum que pam, no estaba borracho, solo un poco desinhibido, nada más. Y después del partido volvimos a hablar. Y le volví a decir que me iba-, respondió Gallardo.

Tras la nueva reunión con el 10, Merlo reunió al plantel ya en los primeros minutos del lunes 9 de enero y a las 2.15 de la madrugada le anunció que, después de haber conocido de boca del Muñeco que la mayoría no lo quería, renunciaba. Ya por la mañana, con la bomba informativa desperdigándose, el técnico llamó a conferencia: “Mientras yo dirija, en mi proyecto mando yo. No acepto ninguna transa”. Gallardo también hablaría: “Quise ser lo más frontal posible y no ser hipócrita ni egoísta en un ambiente donde no se suelen decir las cosas cara a cara. Yo tengo la conciencia tranquila, duermo tranquilo”.

Según contaría José Chatruc -que nunca jugó en River pero sí tuvo un vínculo cercano con Mostaza, que lo dirigió en Racing-, el técnicoencaró a Gallardo y le dijo como que lo estaba traicionando. Ahí hubo intercambio de golpes y alguna tirada de pelo. Alguien se tenía que ir, y se fue Mostaza”. Sin embargo, es posible que Chatruc haya confundido dos episodios: Merlo y Gallardo habían estado a punto de golpearse en el entretiempo con Gimnasia, un mes y medio antes, pero no en Mar del Plata.

Merlo y Gallardo
Merlo, frente a los periodistas: se peleó con Gallardo, llamó a conferencia de prensa y renunció en Mar del Plata. (@fotobairesarg)

Aunque Gallardo quedaría como un golpista para muchos hinchas y analistas -y para el propio Merlo, claro-, otra lectura también es posible. Incluso, necesaria y justa. En realidad, el 10 le fue franco al técnico. Ya de 29 años y con dos Mundiales en su trayectoria, el Muñeco le dijo en privado lo que pensaba. Merlo, como haría en otros momentos de su carrera, renunció de manera abrupta: en el futuro también se iría sin preaviso de Central, Colón, Douglas Haig y Aldosivi -sólo había dirigido dos entrenamientos-.

En Gallardo Monumental, el Muñeco dijo que no se arrepentía de haberle blanqueado a Mostaza su incomodidad con su sistema de juego, pero sí aceptó una autocrítica: que, cuando el técnico le preguntó si el resto de los jugadores pensaba igual que él, en vez de que haberle respondido afirmativamente tendría que haberle dicho “preguntales vos”. Haberse atribuido la voz del grupo fue, para Gallardo, un error en lo que era una charla personal.

Cuando ocurrió el estallido, el entonces titular de River, José María Aguilar, estaba de vacaciones en Río de Janeiro. En su regreso a las apuradas se encontró por azar con un ex presidente del club que le recomendó expresamente: “Llamá al peor de los técnicos, pero no se te ocurra llamarlo a Passarella porque te va a enfermar”. Aguilar, sin embargo, pensó que el Kaiser se debía un segundo ciclo como entrenador de River y a las pocas horas del conflicto, el mismo lunes 9, ya fue anunciado como sucesor de Merlo.

Curiosamente, afuera Mostaza, a Gallardo también le quedaría poco tiempo en River: se iría a fines de ese 2006. Apenas asumió, Passarella le pidió en privado a Aguilar que echara al 10, pero el presidente lo sostuvo. En su primera etapa en el club, entre 1990 -justamente después de Merlo- y 1994, Passarella y Gallardo habían tejido una relación afectuosa: el Kaiser hizo debutar a un joven Muñeco, de 17 años. Incluso el vínculo se tornó familiar, primero con el Kaiser como entrenador de River y luego en la selección -al punto que el Muñeco lo eligió como padrino de su hijo mayor, Nahuel-, pero ya para 2006 la relación estaba rota: no se hablaban desde el Mundial de Francia 1998.

gallardo bandera barra river
La bandera de la barra de River contra Gallardo, en 2009, con el aval de Daniel Passarella y su dirigencia.

Tras un paso por el Paris Saint Germain y el DC United, Gallardo volvería a River a mediados de 2009, pero tendría que convivir con otro regreso de Passarella, esta vez como presidente: el Kaiser ganó las elecciones a finales de 2009. El 17 de abril de 2010, contra Godoy Cruz por la 15a fecha, Los Borrachos del Tablón -con el lógico aval de la dirigencia- colgaron la bandera “Muñeco Gallardo ortiva y golpista”.

La primera palabra se explicaba en que el Muñeco no había cedido a las presiones de la barra para que el plantel le pagase un dinero que acallara las críticas a una campaña pésima que un año después terminaría en el descenso. La segunda recordaba aquel episodio con Merlo, de enero de 2006. Sin embargo, el público ovacionó aquella noche a Gallardo, que fue el capitán, jugó con un extraño número 11 y, aunque sufrió un desgarro sobre el final, completó los 90 minutos.

El Muñeco, no obstante, acababa de jugar su último partido en River tras 306 encuentros, 71 goles y ocho títulos. En las cuatro fechas que restaban para que terminara el Clausura 2010, mientras Gallardo se recuperaba de su desgarro, el entrenador Ángel Cappa le dio a entender que no lo tendría en cuenta. Fue entonces que el Muñeco llamó a una conferencia de prensa el 13 de mayo, dos días antes de un partido ante Tigre -en el que nunca ingresaría-, para comunicar su alejamiento.

La relación entre Mostaza y Gallardo quedó dañada un tiempo. Ya como hincha, terminada su carrera de técnico, Merlo -hoy de 75 años- recién regresaría al Monumental en 2023, es decir cuando a River lo dirigía Martín Demichelis. Sin embargo, cuando el Muñeco volvió en 2024, Mostaza ya no dejó de asistir a su lugar en la platea San Martín. Mejor así: son dos héroes de River.

Te puede interesar