River positivo: un triunfo llama a otro triunfo
La salida de Gallardo y la llegada de Coudet descomprimieron al equipo, que liderado por un colosal Montiel cambió de energía y empezó a sumar triunfos casi por decantación: hacía más de un año que River no sumaba 10 puntos de 12 posibles.

El desastre que fue River en los últimos meses no se soluciona de un partido para el otro pero los primeros pasos tras la llegada de Eduardo Coudet son todos positivos. A la espera de las etapas decisivas -y de tres partidos difíciles seguidos ante Belgrano, Racing y Boca en un futuro cercano, sin desmerecer la visita previa a Rio Cuarto, el próximo domingo-, River primero recuperó la sonrisa y luego los triunfos.
La energía se liberó de tal manera que, desde el anuncio de salida de Marcelo Gallardo, River sumó -entre la despedida del Muñeco, el interinato de Marcelo Escudero y los dos primeros partidos del Chacho- 10 puntos sobre 12 disponibles, una racha positiva que no disfrutaba desde hacía más de un año, cuando en febrero de 2025 venció a Independiente, Lanús y San Martín de San Juan con un empate intercalado contra Godoy Cruz.
Si el corazón de Gonzalo Montiel merece un monumento -capaz de proyectarse en ataque a los 87 minutos de un partido ya resuelto ante Sarmiento de local-, Coudet también comenzó a devolverle la lógica perdida a River, un equipo en el que ahora los delanteros convierten goles.
Sebastián Driussi sigue pivoteando pero volvió a tener presencia en el área, como todo 9 de River debe tener. El 2 a 0 completado por Ian Subiabre ratifica ese regreso a las bases: sin delanteros goleadores, no hay paraíso.
En su intención de regenerar la onda positiva y crear una amnistía general con el público, Coudet hasta les dió minutos a los más resistidos, incluso Kevin Castaño. Si Paulo Díaz es un caso perdido, Maximiliano Salas mostró en los pocos minutos que entró toda la voluntad de recuperar su mejor nivel: el delantero merece otra oportunidad.
Coudet repitió el equipo respecto del 2 a 1 ante Huracán y es posible que lo haga el próximo domingo ante Estudiantes de Río Cuarto, pero también Joaquín Freitas empezó a ganar méritos para recuperar la titularidad que Gallardo le concedió en la despedida, más todavía con Tomas Galván flojo en los últimos dos partidos y con un Juan Fernando Quinteros en un pan y queso entre sus pases milimétricos y pérdidas de pelota evitables.
Aún a riesgo de dejar sentencias definitivas por apenas el segundo partido, el doble cinco entre Aníbal Moreno -bien en su insistencia de rematar desde lejos- y Fausto Vera no se toca, la dupla central tuvo una buena actuación, Marcos Acuña dejó nuevas señales positivas de haber recuperado el nivel del año pasado y Santiago Beltrán cumplió con el abc del arquero de River: mantener el arco en cero en el Monumental.
Si un triunfo llama a otro triunfo, esos pequeños guiños del fútbol también son contagiosos. Las dos amarillas a Gabriel Díaz -ambas por infracciones sobre Montiel, una en defensa y otra en ataque- ayudaron a abrir un partido que a River se le había empantanado sobre la media hora del primer tiempo, sin desequilibrio individual y poco juego colectivo, acaso una alerta para no caer en excesos triunfalistas.
Al ciclo de Coudet le falta mucho, casi todo, pero ahora los hinchas de River no van solo al Monumental por su sentido de lealtad a los colores, sino también porque recuperaron una esperanza con el equipo.





