River, entre el entusiasmo y la cautela
Continúa en la senda de su recuperación futbolística, encadenando buenas victorias y segmentos más sostenidos de funcionamiento. De todas maneras, sin exagerar.

El hincha de River transita unos cuantos días de relativa tranquilidad. No está quejoso ni apesadumbrado, tampoco exultante y súper confiado. Está calmo, que no es menor. Está expectante, en el sentido tradicional de la palabra, espera curiosa e intensamente el devenir de los acontecimientos. "El que se quema con leche ve una vaca y llora", reza un viejo refrán de la sabiduría popular. Ergo, los días por venir, Superclásico incluido, orientarán en un sentido más pronunciado los estados de ánimo. Mientras tanto, la paz se entremezcla con lo auspicioso.
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Es que desde la llegada de Coudet ha habido señales inequívocas de mejora en todos los planos. Por caso, ya no se habla tanto de emociones, se habla de fútbol. Ya no se habla tanto de que los jugadores no captan determinado mensaje, se habla de jugadores que captan determinado mensaje. Ya no se habla de la impaciencia de la gente, se habla de la paciencia de la gente. Ya no se habla de que tal o cual no están a la altura, se habla de que tal o cual están cambiando silbidos por aplausos.
La, tardía, salida del Muñeco Gallardo del club, demoró tal vez un estado de situación que obligó al Chacho a corregir muchas cuestiones sobre la marcha. Para poner un ejemplo: los pibes están teniendo hoy verdaderos minutos de calidad, no ingresos y egresos del equipo a la bartola. Todas las determinaciones que se han ido sucediendo desde el partido de Huracán hasta hoy han estado empapadas bajo el sólido tamiz que impone lo lógico. River está creciendo como equipo porque se apoya en las decisiones con sentido, que tienen un norte planificado. Y ésta quizás sea la mayor ilusión que encuentra el hincha.
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Pero, de nuevo, es una ilusión medida, aprobatoria pero de reojo aún. Hay elementos que entusiasman y hay otros que todavía están bajo revisión. El hincha, por más análisis sociológicos de la composición actual que queramos buscar, tiene una sabia madurez para detectar en qué momento meterse de cabeza en un proyecto determinado. La euforia, en sí misma, no tiene mayor sentido. El optimismo ramplón, tampoco. Las emociones, cuando sobrevienen luego de presentaciones consolidadas. son las que cuentan. Esto recién arranca, va bien, pero recién arranca.
Los próximos partidos serán determinantes. El River del Chacho pone primera en la competencia continental que le legaron, donde tiene que tener un protagonismo más que destacado, por no decir que buscar de manera decidida la consagración. A ello, sumarle clásicos, con Boca, nada menos a la vuelta de la esquina. En el mientras tanto, como decía un viejo rival, una victoria llama a otra victoria. En ese cúmulo, no debería tardar en aparecer un equipo al que podamos llamar ya "El River del Chacho".





