La canción del River de Chacho: ganando bien y ganando mal
Si en Río Cuarto había llegado al triunfo con una mínima dosis futbolística, la goleada a Belgrano se basó en un triángulo virtuoso de presión, juego y vocación ofensiva, un buen comienzo para el bimestre más decisivo.

Eduardo Coudet se convirtió en el segundo técnico que gana sus primeros cuatro partidos en River en los últimos 37 años, una racha que por supuesto no supone ningún título -y River necesita títulos- pero sí un gran punto de largada. Es cierto que Ramón Díaz, en su tercera etapa en 2012, también llegó a ese póker de triunfos en el comienzo, pero ya arrastraba el respaldo de sus dos ciclos anteriores.
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Para encontrar un debut similar hay que retroceder hasta 1989 con Mostaza Merlo, un equipo que jugaba poco y ganaba mucho -el presidente de aquel River era, curiosamente, Osvaldo Di Carlo, el abuelo de Stéfano-. En reemplazo del ciclo de César Luis Menotti con estrellas que nunca funcionaron, Mostaza apostó a un River de fútbol industrial y empates 0-0 y triunfos avarientos 1-0.
Fue entonces que la hinchada de River le imprimió una vuelta de tuerca a uno de los temas más emblemáticos de finales de los 80, el “Olé olé olé / olé olé olé olá”. En lugar del original “cada día te quiero más” que respetaba el resto de los clubes, River lo reemplazó por “jugando bien o jugando mal / yo te quiero / no me importa nada / te vengo alentar”, un apoyo explícito al River que dirigía Mostaza y despertaba críticas pese a que lideraba la primera rueda del campeonato 1989/90.
Si Mostaza debutó en julio de 1989 con dos triunfos ante Argentinos y otros dos ante Español en la Liguilla Pre Libertadores que luego, en la final de la ronda de perdedores, River le ganaría a Boca, ahora Coudet lleva un póker perfecto ante Huracán, Sarmiento, Estudiantes de Río Cuarto y Belgrano que llevó a River -inesperadamente- al segundo puesto de la general.
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La canción del River de Chacho podría sufrir un cambio mínimo: ganando bien o ganando mal. El mal partido en Río Cuarto en la fecha anterior, pero a la vez con el mérito de haberse llevado un triunfo, tiene otro sabor tras este feliz domingo en el Monumental.
Tras el deslucido regreso de Marcelo Gallardo, el ídolo que había perdido el pragmatismo en el mármol de su estatua y parecía querer ganar de una única manera, el River de Coudet es un equipo con más hambre: ganar ya no parece una opción sino una necesidad. Contra Belgrano fue un equipo vivo, despierto, con presión, juego y vocación ofensiva, un triángulo que los hinchas agradecen. También hay algo de energía a favor: tras los únicos 15 minutos en los que Belgrano emparejó el partido, llegó el primer gol de Tomás Galván.
Un juego más colectivo levanta a las individualidades: Facundo Colidio jugó más cerca del área -y rompió una racha insólita de 26 partidos sin convertir-, Tomás Galván al fin se amigó con el gol y Juan Cruz Meza volvió con movilidad después de un castigo larguísimo, desde septiembre. También hay jugadores asentados: Santiago Beltrán tuvo un partido de arquero grande, de responder las pocas veces que le llegan, y entre Aníbal Moreno y Fausto Vera debería haber un mediocampo para mucho tiempo.
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Dicho eso, el bimestre de la verdad -abril y mayo- recién comienza. La seguidilla que ya golpea la puerta -Blooming, Racing y Boca en los próximos 15 días, con otro partido también por Sudamericana en el medio, ante Carabobo- será más importante que este arranque a pura victoria para Coudet, el técnico que empieza tiene música propia, la de ganando bien y ganando mal.
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