Gallardo merecía decir hasta luego en River con un 3 a 1
La emoción por la despedida hasta su tercer ciclo -como tuvieron Labruna y Ramón Díaz- no ocultó el desconcierto final que signó su segunda etapa: juveniles libres de silbidos de arranque y referentes expuestos como suplentes.

Como los mitos no se van nunca, Marcelo Gallardo siempre seguirá en River, aunque por unos años lejos del banco de suplentes. Anoche, justamente con un triunfo 3 a 1 como resultado simbólico, comenzó un impasse como técnico, que muy probablemente se reanudará en algún momento: Ángel Labruna y Ramón Díaz tuvieron tres ciclos en Núñez y es inevitable pensar que el Muñeco también algún día comenzará el suyo.
También a la espera de la llegada de Eduardo Coudet, la emoción y la gratitud no ocultan que la noche de despedida de Gallardo incluyó además algunas postales del desconcierto que signó su segundo ciclo: el River que gastó decenas de millones de dólares en refuerzos terminó improvisando con varios juveniles, a la vez un visible castigo para muchos de los habituales titulares.
Uno de esos juveniles, el debutante Facundo González como lateral izquierdo, es el segundo suplente en su puesto, por detrás de los ausentes Marcos Acuña y Matías Viña, ambos relegados al banco de suplentes ante Banfield. Si el uruguayo pagó por su flojísimo desempeño de los últimos partidos, parece evidente que algo terminó torcido en la convivencia entre el Huevo y Gallardo.
También en el banco se quedaron Maximiliano Salas y Facundo Colidio y en la delantera jugó su primer partido como titular Joaquín Freitas, al final la figura de la noche por movilidad, atrevimiento y su gol, pero a la vez un chico de 19 años que Gallardo no incluyó entre los 33 jugadores que llevó a la pretemporada de San Martín de los Andes -y que sigue en River porque no encontró un club conveniente para pasar a préstamo-. O el Muñeco no tuvo buen ojo con el pibe o los delanteros en los confió lo defraudaron más de lo imaginado.
En medio de los cuestionamientos de los hinchas para la mayoría de los jugadores, Gallardo debió hacer equilibrio con los cambios durante el partido -y no pudo completar los cinco-: la mayoría de los integrantes del banco de suplentes habrían sido silbados si ingresaban. Allí se quedaron, además de Viña, Acuña, Colidio y Salas, otros apuntados por la gente: en especial Kevin Castaño y Paulo Díaz, pero también Fabricio Bustos. El gesto para evitar que los repudiaran no quita otra realidad: los castigó en el banco en su despedida.
A los ingresos de los únicos tres jugadores libres de silbidos, Agustín Ruberto, Kendry Páez y Santiago Lencina, se le sumó Giuliano Galoppo, chiflado también en simultáneo con la salida de Sebastián Driussi, cuyo festejo de gol después de una sequía que había comenzado en agosto despertó el enojo de mucha gente: habría caído mejor que el 9 pidiera disculpas en vez de soltar su morisqueta canchera, como si nada hubiera pasado en los últimos meses.
Entre la emoción por Gallardo y el reto masivo a los jugadores, River tuvo buenos rendimientos en especial en el mediocampo, a partir de Aníbal Moreno, Tomás Galván y Fausto Vera, y cortó la hemorragia de derrotas. Los tres puntos suponen un buen reinicio para la inminente llegada de Coudet, previo interinato de Marcelo Escudero el lunes ante Independiente Rivadavia.
El Chacho seguramente impondrá buen clima en el comienzo, un cambio de energía necesario luego de tantos meses de un Gallardo poco sonriente, como enojado o fastidioso, al menos en público, aunque queda claro que tampoco fluyó su relación con parte del plantel.
Será también la hora de los jugadores. El responsable por la salida del Muñeco no es otro que el propio Gallardo, pero los futbolistas están en deuda, aunque al menos le regalaron un 3 a 1 en su hasta luego.
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