La metamorfosis del Colón de Medrán, de la fragilidad a la paciencia inteligente
La victoria ante Acassuso, el líder de la zona, no fue un triunfo más para el Sabalero. Expuso el cambio de mentalidad de un equipo que dejó atrás las debilidades del pasado reciente.

El triunfo de Colón ante Acassuso no debe analizarse solo desde el resultado. El 1-0 en el Cementerio de los Elefantes representa algo más profundo: un equipo que empieza a entender cómo se juegan los partidos de la Primera Nacional.
El conjunto de Ezequiel Medrán mostró madurez, orden y una paciencia que en otros momentos no tenía. Ya no es el Colón nervioso que se desordenaba ante la urgencia del gol. Hoy es un equipo que sabe esperar, trabajar el partido y golpear en el momento justo.
El cambio es evidente. En el arranque del 2025, el Sabalero era un equipo frágil, vulnerable ante la presión y sin respuestas en los partidos cerrados. Hoy la historia es distinta. Ante el puntero de la zona, el equipo no se desesperó, no se partió y sostuvo una estructura confiable durante los 90 minutos. Esa paciencia, que el propio cuerpo técnico define como una forma de madurar los encuentros, es uno de los principales síntomas de la metamorfosis que atraviesa el equipo.

Colón empezó a construir una identidad. La idea de Medrán es clara: competir con inteligencia, no regalar espacios y entender que la Primera Nacional se juega con cabeza fría. El partido ante Acassuso fue una prueba de carácter. El Sabalero no se desordenó, no se expuso innecesariamente y manejó los tiempos del juego hasta encontrar el gol.
Esa paciencia es la gran diferencia con el pasado reciente. Antes, Colón perdía este tipo de partidos por ansiedad o por errores defensivos. La base de este nuevo elenco es la solidez defensiva. Mantener el arco en cero se ha convertido en una prioridad, no solo como objetivo estadístico, sino como una plataforma de confianza colectiva. El equipo transmite seguridad, se muestra compacto y reduce al mínimo las situaciones del rival, algo fundamental en un torneo largo y desgastante.
Pero además de la estructura, aparece la jerarquía individual. El gol de Ignacio Lago ante Acassuso fue la muestra perfecta: una jugada personal que rompió un partido cerrado y confirmó que Colón también tiene jugadores capaces de marcar diferencias. En plena construcción, con ocho puntos y a solo una unidad del líder, el Sabalero empieza a encontrar un equilibrio que lo posiciona en la pelea. Y cuando un equipo combina orden, paciencia y talento, la ilusión deja de ser un deseo y empieza a convertirse en una posibilidad real.





