Huracán debe salir en defensa del Ducó y de su gente
No hay estudio que certifique que un partido de fútbol con público en el Ducó afecte al edificio ubicado a 400 metros que sufrió el derrumbe en el estacionamiento, pero hasta ahora la Ciudad no habilitó el estadio y el club prepara una demanda.

El día del derrumbe en el edificio vecino será una jornada que entrará en los repasos del 2026 de Huracán. Un martes en que sin mayores quejas, se adaptó a las circunstancias más allá del malestar por parte de algunos hinchas en redes por las demoras en la comunicación de la medida de jugar sin público contra Belgrano. Pero prevaleció la empatía ante lo reciente del incidente. Una semana después el mismo club es puesto en situación de damnificado en una cuestión que ni siquiera lo involucra de manera directa. Y a juzgar por estas primeras horas de esta decisión del Comité de Seguridad de no prestar operativo “por un tiempo que no resulta posible determinar”, Huracán corre por su cuenta.
La AFA le negó reprogramar el partido por el calendario apretado de River al jugar copa internacional (pese a que enseguida se hizo el espacio para postergar la fecha 9), tampoco surgió de un club ofrecer su estadio ni de la Ciudad pagar un alquiler, así como costea en estos días el hospedaje en hotel para algunos evacuados. La dirigencia mientras tanto tiene que actuar en favor de los abonados y socios del club y pensar también en el problema que se les viene con las productoras de shows musicales si no les aprueban la realización de los recitales previstos, el más cercano el de La Renga el 2 y 4 de abril.
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El panorama es realmente complejo. Hasta el momento no hay estudio que certifique que un partido de fútbol con público en el Ducó afecte al edificio ubicado a 400 metros que sufrió el derrumbe en el estacionamiento. Y tampoco se comunicó que esté en evaluación o en proceso de mediciones la zona. Simplemente no se habilita porque el Comité de Seguridad dice no poder afrontar el operativo mientras mantiene un despliegue logístico en el barrio Estación Buenos Aires, pero paradójicamente sí podría llevarlo adelante en otro estadio dentro de Capital Federal, lo cual es llamativo, o para trasladar a la hinchada en una posible salida a provincia que implicaría también concurrencia de los hinchas de River, lo que sería directamente insólito.
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La incertidumbre, siempre alarmante, remonta a la última vez que Huracán tuvo que ceder su localía por problema de habilitaciones. Aquella vez era responsable por el deteriorado estado en que se encontraba su estadio producto de muy malas administraciones. Tardó 438 días en volver al Palacio y le costó ni más ni menos que festejar su Centenario en la calle. Vale ponerse en contexto más allá de las demoras en reparar los daños estructurales detectados, y todo lo achacable a la gestión de Carlos Babington, por entonces presidente del Globo.
Cumplido el año, el Inglés declaró públicamente que estaba todo solucionado y solo faltaba una firma. Después de un tiempito más le puso plazo, dijo “la semana que viene”. Y el malestar de los hinchas se transformó en cánticos en su contra y banderas irónicas. Pocos meses antes, un juicio político había encontrado culpable al jefe de gobierno Aníbal Ibarra por la tragedia de Cromañón. No resultaba cómodo levantar el pulgar por el Ducó. De la misma manera, casi 18 años después, Huracán depende de que alguien dé fe que según su análisis la habitual actividad en su estadio no afectaría a las torres del barrio, es decir, absorber responsabilidades ajenas ante una obra pública mal desarrollada.
El año que viene se cumplirán 80 años del primer partido en el Palacio Tomás Adolfo Ducó. En la misma esquina en que Huracán construyó su vieja cancha de madera en 1924. De más está decir que este complejo habitacional, una oportunidad celebrable de acceso a una primera vivienda propia de calidad, llegó muchísimo después y se instaló en 2021. Debió construirse con los recaudos necesarios a la cercanía con una cancha de fútbol que históricamente albergó recitales, actos políticos y eventos culturales de todo tipo. No puede ser suficiente motivo para que Huracán se vea impedido de jugar en su cancha por tiempo indefinido en condiciones normales la falta de respuestas (con hechos) a los vecinos afectados que venían reclamando por el estado edilicio ante rajaduras, grietas y filtraciones y sólo fueron escuchados una vez que ocurrió un hecho lamentable con la suerte suficiente para que no se trate de una catástrofe. También por esas 200 familias Huracán debe pelear por sus propios derechos e intereses.
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