No era tan difícil. Se sabía que con poner a los mejores y en un esquema más lógico alcanzaba para dejar otra imagen, aunque es cierto que nadie imaginaba una mejora de semejante magnitud. De la lamentable actuación del sábado contra Gimnasia de Mendoza en la Bombonera -y en varios partidos anteriores- a lo que se hizo en Lanús hubo un abismo. Y esto no hace más que exponer al director técnico, que solo tuvo que hacer dos cambios para lograr un giro de 180 grados: Paredes y Aranda por Alarcón y Janson.
Mirá también
El Boca que queremos
El equipo se plantó con autoridad, presionó alto y recuperó rápido. El juego fluyó con velocidad, lejos de la apatía que nos tiene acostumbrados desde hace tiempo -especialmente como visitante-, y esto provocó que también se elevaran rendimientos individuales. Solamente con algo de coherencia y sentido común bastó para que los 12 mil hinchas de Boca que estuvieron en el Sur cambiaran silbidos por aplausos y se entusiasmaran con un futuro un poco más prometedor.
En la difícil tarea de mantener un equilibrio hay que decir que la actuación de Aranda es para ilusionarse, aunque recién tiene 18 años. El juvenil tuvo su primer partido como titular, a pesar que desde hace varias semanas merecía su chance de arranque. Siempre cerca de la jugada, se mostró y la pidió en todo momento, provocó el cambio de ritmo que tanto se necesitaba y fue el nexo que se pedía entre el mediocampo y el ataque. “A los chicos hay que llevarlos de a poco”, se escuchó decir varias veces desde la dirigencia. Ojalá que se lo acompañe en el proceso y no termine como tantas otras promesas olvidadas por falta de oportunidades, porque una cosa es cuidarlos y otra es confundirlos.
¿Quién dijo que Paredes y Milton Delgado no podían jugar juntos? ¡Por favor! Las cosas que hay que leer y escuchar. Los que son buenos e inteligentes siempre tienen que estar. Lo único que había que hacer era trabajar para saber cómo ubicarlos, buscar que se complementen y así potenciarlos. Con ambos desde el inicio, Boca jugó nueve encuentros (ganó seis y perdió tres). Si se optara por algún futbolista de características diferentes para darle otra fisonomía al equipo -como por ejemplo con Zenón por izquierda- la historia sería otra, pero que en esa zona aparezcan Belmonte o Alarcón es ridículo.
El triunfo también le dio una vida más a Úbeda, quien desde hace algunas semanas había entrado en una tediosa evaluación partido a partido y -salvo un milagro- parece tener sus días contados. “Antes no éramos tan malos y ahora no somos tan buenos”, declaró el entrenador en conferencia de prensa. No te confundas, Claudio. Si hubieras mantenido nombres y esquema con resultados tan dispares podrías tener razón, pero justamente fueron las variantes las que posibilitaron observar cambios tan rotundos. Ojalá se sostenga lo que funciona y se focalice en corregir los errores. Solamente eso se pide.
Lo peor que puede pasar ahora es confundirse y creer que todos los problemas están resueltos. Para nada. Fue un buena victoria, contra un rival importante que llegaba diezmado y con la cabeza en otro lado. Sin embargo, la clave está puertas adentro: se demostró que con decisiones lógicas y sin caprichos ni disparates las cosas se puede empezar a construir de otra manera. Se viene el clásico contra San Lorenzo en el que habrá que confirmar lo hecho, sosteniendo los aspectos positivos y sin dar absurdos volantuzos. Que sea el punto de partida para Boca.
Mirá también
Lógico, Boca
No te pierdas nada






