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Boca, el equipo del relato y la triste realidad

Otro empate que sirve de poco y se acerca la Copa. La actuación con Lanús fue un espejismo, Úbeda empeora todo lo que toca y nos siguen mintiendo con la Bombonera (y con todo lo demás).

Boca
La lleva Ascacíbar, el mejor del primer tiempo. Úbeda lo sacó "por una molestia" (Fotobaires)
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Por Antonio Serpa

¿Ya podemos preocuparnos o todavía no? "Lo importante empieza en abril", es el latiguillo que más se escucha entre quienes defienden a esta conducción. Hoy es 16 de marzo, el jueves se sortea la Libertadores -esperada luego de dos años consecutivos de ausencia- y, salvo que Úbeda sea el Mago Sifón, es difícil creer que presentará una orquesta afinada para la vuelta al torneo continental más importante. El fecha a fecha nos pega un cachetazo detrás de otro y aquello que vimos como una ilusión contra Lanús hoy se revela como una nueva decepción. No hubo confirmación de aquella actuación fantástica, fue la excepción a la regla de esta tristeza perenne que nos invade cada fin de semana.

Aun con una copa menor por jugar, la B de Sudamérica, River se ocupó. Cuando vio que la receta no funcionaba, no tuvo empacho en rajar al mejor técnico de su historia y buscarle rápidamente un reemplazo. Mal o bien, el nuevo llegó y metió seis puntos de seis, tres de local y otros tres de visitante, en el mismo lapso en el que nosotros, de la mano del -probablemente- peor técnico de nuestra vida institucional cosechamos dos empates lánguidos que nos apagan los ojos. Y no es lo peor el presente: lo verdaderamente malo es la falta de una esperanza, la escasa fe en lo que viene. Volvamos sobre una idea de la semana anterior: si esto es un masterplan que contempla la llegada de un técnico de verdad a mitad de año, o después del Mundial, sólo la llegada de Carletto Ancelotti justificaría tanto sufrimiento.

Boca sigue en el purgatorio. Se acostumbró a vivir en esta podredumbre (no caeremos en la tentación de decir "en la mierda") y el hedor no lo conmueve. Está resignado a esto que le tocó, a esta pobreza estructural que nos venden como la única realidad posible aunque se trate de un relato burdo. Si asomamos la cabeza y vemos jugar al Vélez del Mellizo, queda en evidencia que estamos siendo engañados. Cuando vemos que Madelón arma un equipo más que interesante -y que está arriba en la tabla- con los despojos de jugadores que no pudieron triunfar en equipos medianitos (Julián Palacios, Tarragona, Mansilla, Pittón), la sangre llega a un punto de hervor. Boca, el Boca de Riquelme, es un equipo de autor. Está hecho a imagen y semejanza de su dueño, de su creador, que en lugar de aceptar la triste verdad de su fracaso nos vende espejitos de colores. Pobres los que le creen y pobres de nosotros, porque muchos de ellos votan. Son los mismos que creyeron que a Mineiro le ganamos ida y vuelta aquella serie que terminó con Marcos Rojo queriendo pegarle a la policía con un matafuego. Un papelón inolvidable. Quizá debimos advertir algo entonces para prever este cambalache.

El empate en Santa Fe no sirve para nada. Claramente no nos hace despegar, pero tampoco termina de pudrirla toda. Navegamos en este estanque, entonces, siempre en el mismo lugar, y vemos pasar la vida mientran nos mienten descaradamente con una Bombonera inviable que no se podrá hacer en estas condiciones porque falta todo: desde los planos hasta las autorizaciones. Otra vez el relato y a echarles culpas a los demás si las cosas no salen. La orden, ahora, es pegarles a los jugadores (para desviar el foco del DT). Lo cual no deja de ser un estúpido tiro en el pie, porque ¿quién armó este plantel sino del todopoderoso?

Con una tapada sensacional, Mansilla le volvió a negar el gol a Bareiro

Con una tapada sensacional, Mansilla le volvió a negar el gol a Bareiro

El primer tiempo de ayer fue impresentable. En el segundo, Úbeda nos recibió con un cambio de su sello: sacó al mejor, Ascacíbar, justificándose luego en una supuesta molestia. Terminó poniendo a Braida por Merentiel para cuidar el punto cuando necesitábamos tres. Una calamidad. No obstante, si algo hay que reconocerle a Úbeda es que no genera grietas: todos coinciden en que es un incapaz al que le quedaría grande hasta la reserva de Yupanqui. Todos estamos de acuerdo en que hay que sacarlo, menos el hombre que debe hacerlo: él es la grieta misma. El cisma que divide dos mundos, la realidad y el relato fantástico.

No hay mucho para destacar de lo que ocurrió en Sanra Fe. Aparte del primer tiempo del Ruso, hubo una prestación decente de Marchesín, el gol del uruguayo enrachado -por más que haga mal todo el resto-, la polenta de Bareiro... El chico Aranda se está desinflando, Paredes sigue lesionado... Volvimos el tiempo atrás, a la Era Pre Lanús. El equipo volverá a la Bombonera el domingo con la misma carga de siempre sobre los hombros, el puesto del DT sostenido con alfileres y esta incertidumbre que es el peor de los estados. Una vía muerta.

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