El milagro de Luciano Benavides: esquivó el quirófano, casi no larga y ganó el Dakar por dos segundos
El salteño emuló a su hermano Kevin y se llevó la edición más cerrada de todos los tiempos en la categoría más riesgosa y compleja, las motos. Historia de una hazaña irrepetible.

Hace poco más de tres meses, Luciano Benavides se retorcía de dolor en el suelo. Dolor físico, porque la propia moto le destrozó la rodilla izquierda tras una caída en la primera etapa del Rally de Marruecos, pero también mental: su gran sueño del Dakar se iba a alejar un año más. Parece un milagro que este sábado, en Arabia Saudita, se retuerza pero de alegría tras haber ganado por solo dos segundos la edición más pareja de la historia.
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El salteño de 30 años, que en Yanbu se subió a lo más alto del podio con la KTM 450 oficial número 77, también sufrió una luxación acromioclavicular en el hombro, pero lo peor estaba en su miembro inferior, que los especialistas recomendaban operar por una rotura de ligamento cruzado anterior y menisco. Pasar por el quirófano implicaba sacrificar el inicio del 2026. "No. Voy a volver más fuerte", avisó.
Al mes del golpe, Benavides ya estaba en Marruecos de vuelta para probar el modelo que usó en este Dakar. Se explica por su sacrificio en la rehabilitación, la resistencia al dolor y el trabajo incansable médico, fisioterapéutico y psicológico (NdeR: trabaja con Gustavo Ruiz, el mismo que Franco Colapinto), además del riesgo de postergar la cirugía y exponer un físico frágil a la carrera más exigente del mundo.
Así fue la recuperación de Benavides: llegó con lo justo al Dakar
Llegó a Medio Oriente entre algodones y, para colmo de males, posando para una foto durante el shakedown del 2 de enero se golpeó increíblemente la rodilla maltrecha, a un día de la largada, en la que no supo hasta último momento si estaría. "Cuando las ganas son tan grandes, el dolor pasa a otro plano", dijo. Apretó los dientes, puso primera, soltó el embrague y arrancó un trabajo de menor a mayor en los resultados pero constante y siempre a fondo, sin especular para evitar la temida apertura de la ruta como la mayoría de sus rivales.
En el medio, lo especial de este Dakar, el primero de los nueve que corrió sin su hermano Kevin al lado en dos ruedas. El mayor de los Benavides, ganador en 2021 y 2023, se retiró del motociclismo tras una caída que puso en riesgo su vida en 2024 mientras se entrenaban juntos en Salta. Pasó a los autos y ganó dos parciales en la categoría Challenger. Para orgullo de papá Norberto, que los acompañó en la segunda semana de competencia, y mamá Isis, subieron juntos a lo más alto el séptimo día.

Ese triunfo fue un quiebre. Por más que algunas caídas lo revolcaron e hicieron tambalear, Benavides fue de los más prolijos para salir bien parado de las bravísimas etapas maratón, sin asistencia y con noche en pleno desierto saudí, donde la mayoría sufrió sobre todo con las gomas. Y terminó de plantarse como gran candidato luego del retroceso de su compañero australiano Daniel Sanders, campeón del 2025, que terminó la carrera con la clavícula rota. En la otra vereda, Honda soñaba con el estadounidense Ricky Brabec.
El norteamericano de la #9 fue uno de los que soltó varios días el acelerador en busca de ventaja estratégica en el orden de salida para no tener que abrir camino, una decisión que con el resultado final en la mano parece haberle pasado factura. Él ganaba por 3 minutos hasta que, a falta de 7 kilómetros y, al frente del pelotón en busca del tiempo bonus por ello, cometió un error de navegación. Por eso fue que 14 días, 49 horas de carrera y casi 8 mil kilómetros después, Benavides llegó adelante por dos segundos. Dos. Lo que se tarda en leer esta frase.
El festejo interminable de Luciano Benavides y KTM
Del otro lado de la línea de llegada esperaban su hermano -a punto de largar lo propio-, su padre y todo un equipo KTM que contuvo hasta el último instante el grito. Fue tan cerrada la diferencia que nadie quería festejar antes de tiempo. Parecía un sueño hasta que, vestido de azul y naranja, apareció el dueño del dorsal número 77 con el motor 450 al corte, para desatar una catarata de gritos, abrazos y lágrimas. El dolor, otra vez, en segundísimo plano.
Así fue como Luciano, 'Faster', el que heredó el amor por las motos de su padre, que eligió seguir los pasos profesionales de su hermano siete años mayor, que se enamoró de esta carrera el día que lo vio atravesar los paisajes catamarqueños de Fiambalá, que fue campeón del mundo en 2023, que con Kevin cerca pero lejos se soltó para ser el protagonista principal, llegó a levantar el Touareg del Dakar, ese trofeo que tanto se imaginó entre sus manos, tras un final al que no se animó ni Hollywood. El séptimo argentino en ganar una de las carreras más difíciles del mundo. El orgullo nacional.




