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Historia táctica, parte III: La revolución total y la dictadura del espacio

En la década del 70, el fútbol sufrió una mutación irreversible. Rinus Michels y Johan Cruyff presentaron un sistema donde todos hacían de todo, rompiendo para siempre las posiciones fijas.

César Luis Menotti, técnico campeón de Argentina 1978
César Luis Menotti, técnico campeón de Argentina 1978
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Quien se siente hoy a ver un partido del City de Guardiola o de la Selección de Scaloni, estará presenciando los restos del incendio que provocó un grupo de melenudos vestidos de naranja en 1974. En los años 70, el fútbol dejó de ser un deporte de posiciones fijas para convertirse en un deporte de funciones. Se terminó aquello de "yo soy el 4 y solo marco al wing". Se acabó la paz de los defensores. Bienvenidos a la era del Fútbol Total, donde el tablero se rompió para siempre

1974: El laboratorio de Rinus Michels y el concepto de "Espacio"

Cuando la Selección de Holanda llegó al Mundial de Alemania 1974, el mundo no estaba preparado. El sistema era, en los papeles, un 4-3-3, pero en la práctica era un enjambre inatrapable. Su creador, Rinus Michels, apodado "El General", basó todo en una premisa que hoy es ley: el fútbol es una lucha por el espacio.

"Si tenemos la pelota, debemos hacer la cancha lo más grande posible. Si no la tenemos, debemos hacerla lo más chica posible", explicaba Johan Cruyff, el cerebro táctico dentro del césped. Holanda introdujo el pressing alto y la trampa del offside (el famoso "achique") como herramientas ofensivas. No tiraban el achique para defender, sino para recuperar la pelota más cerca del arco rival.

Como relata Jonathan Wilson: "Holanda en 1974 no solo era revolucionaria por su técnica, sino por su capacidad atlética. Para que el lateral derecho terminara de wing izquierdo, el resto del equipo debía cubrir ese hueco en una rotación constante que mareaba a cualquier sistema de marcas personales".

En aquella Holanda, el arquero Jan Jongbloed jugaba casi como un líbero fuera del área, los defensores Krol y Suurbier subían constantemente, y Neeskens, un volante con alma de carnicero y pies de pianista, llegaba al área como si fuera un centrodelantero. Fue el fin de la "especialización" y el nacimiento del jugador polifuncional.

Rinus Michels y Johan Cruyff
Rinus Michels y Johan Cruyff

El muro alemán: La respuesta de Beckenbauer

Pero el fútbol tiene una máxima: para cada veneno, hay un antídoto. En la final del 74, la Alemania de Helmut Schön demostró que el orden también puede ser una forma de genio. Mientras Holanda era el caos organizado, Alemania era la eficiencia estructural.

El hombre clave fue Franz Beckenbauer. El "Kaiser" perfeccionó el rol del Líbero moderno. Ya no era solo el tipo que sobraba atrás para reventarla (el Catenaccio italiano); Beckenbauer era un armador de juego que salía desde el fondo con la cabeza levantada. Esa final fue un duelo de pizarras: la marca personal asfixiante de Berti Vogts sobre Cruyff anuló el sistema rotativo holandés.

La crónica de la época en la revista Kicker fue contundente: "Alemania no venció a Holanda con talento, la venció con geometría. Supo dónde estar cuando los holandeses se movían y entendió que el fútbol total también tiene un punto de quiebre: el cansancio de la mente".

1978: Menotti y la recuperación de "La Nuestra"

Cuatro años después, el epicentro táctico se mudó a Argentina. César Luis Menotti tomó las riendas de una Selección que venía de fracasos organizativos y le dio una identidad de hierro basada en un triángulo conceptual: orden, técnica y despliegue.

El sistema de Menotti en el 78 era un 4-3-3 que hoy llamaríamos "propositivo". El Flaco estaba obsesionado con que Argentina recuperara la pelota y la tratara con cariño. "El fútbol es tan generoso que evitó que los mediocres lo destruyan", solía decir. Pero detrás de la lírica, había un trabajo táctico riguroso.

El equipo del 78 jugaba con una línea de cuatro en el fondo muy adelantada (influencia de la escuela holandesa) liderada por un Daniel Passarella que era un atacante más. En el medio, el equilibrio lo daba Américo Gallego, permitiendo que Osvaldo Ardiles fuera el "motorcito" de la distribución.

Pero la pieza que rompió el tablero en el 78 fue Mario Alberto Kempes. El "Matador" no era un 9 de área estático. Menotti lo utilizaba como un volante que llegaba por sorpresa. Kempes arrancaba desde atrás, rompiendo líneas, algo que en ese momento era indescifrable para las defensas rivales.

En una entrevista histórica con El Gráfico poco después de la final, Menotti explicaba: "Nosotros no ganamos por el empuje, ganamos porque tuvimos la lucidez de jugar en 30 metros. Redujimos los espacios del rival y ampliamos los nuestros con la técnica de los volantes. Eso es el fútbol: engañar al rival para encontrar el hombre libre".

Argentina campeón 1978
(VI Images via Getty Images)

El legado de los 70: La muerte del wing y el nacimiento del bloque

Al final de esta década, el fútbol ya era un deporte mucho más veloz. La distancia entre el último defensor y el primer delantero se redujo drásticamente. Los equipos ya no se dividían en "defensa, medio y ataque" como compartimentos estancos, sino que se movían como un bloque compacto.

Aparecieron conceptos que hoy son básicos pero que en ese entonces eran vanguardia:

La década de los 70 fue el puente entre el romanticismo de Pelé y el pragmatismo tecnológico que vendría después. Fue la década donde la pizarra le ganó la batalla al azar.

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